“Hacer o no hacer, esa es la cuestión”.
No, no me equivoqué. Solo estoy “parafraseando” a Hamlet para mostrar un reflejo de nuestro comportamiento.
Muchas veces, hablando acerca de las decisiones, decimos que “no tomar una decisión es tomar la decisión de no tomarla”, y en este caso, el hacer o no hacer es lo mismo. Pasa lo mismo con la fe: no tener fe no es no tenerla, sino tener fe en que no va a pasar lo que espero o que va a pasar lo que temo.
El evangelio es una conducta activa y proactiva; estamos llamados para hacer. Se espera de la iglesia y del creyente “que haga”, por lo tanto, cuando “no hacemos” estamos “haciendo un no hacer”.
Esto proviene del mismo principio que mueve al evangelio (¡alerta religiosos!): el principio de la siembra y la cosecha. Es un principio activo: en el reino de los cielos todo gira alrededor de la siembra y la cosecha.
“Todo lo que el hombre siembre, eso cosechará” (Gálatas 6:7).
“Mientras exista el cielo y la tierra, el frío y el calor, existirá la siembra y la cosecha” (Génesis 8:22).
¿Querés más? “Conforme tu fe sea hecho” (Mateo 9:29).
Sembrás fe, cosechás resultados; así como “sembrás vientos y cosechás tempestades” (no, no es bíblico, tranquilo; pero el principio activo sí lo es).
¡Por eso es que cuando no hacés, no quedás indiferente! Podés tal vez caer en el error de que si no hacés algo, si no te involucrás, solo te estás quedando al costado: no afectás a nadie ni “quedás pegado”.
Pero así como Bartimeo “junto al camino” (Marcos 10:46–52) no tenía visión ni propósito… al correrse al camino recibió sanidad; así como la “mujer de flujo de sangre” (Marcos 5:25–34) fue sanada cuando se sumó a la caravana dejando atrás las otras opciones que intentó; del mismo modo, cuando “no hacés” estás haciendo: estás sembrando semillas huecas que generan cosechas sin fruto, vacías, huecas.
Sé que esto parece más una tesis académica que una reflexión devocional. Pero la reflexión es esta:
“Es más bienanturado dar que recibir” (Hechos 20:35), dijo Jesús, lo que lo convierte en un principio espiritual activo: lo que se siembra se cosecha.
“Pidan y recibirán”, dijo también Jesús (Mateo 7:7)
Siembra y cosecha.
“Busquen y encontrarán”, dijo también Jesús (Mateo 7:7)
Siembra y cosecha.
“Llamen y se les abrirá”, ¡dijo Jesús también! (Mateo 7:8)
Siembra… y cosecha.
Dijo Salomón en Proverbios 11:24: “Hay quienes dan con generosidad y reciben más de lo que dan; pero hay quienes son tacaños y terminan en la pobreza.”
Ya entendiste el resultado del dar. ¿Pero por qué “termina en la pobreza” el que no da? Siembra y cosecha: el que no da, “da” nada. Sembraste nada… cosechaste nada; sembrás vacío… cosechás vacío… sembrás pobreza… cosechás pobreza.
Siembra y cosecha.
No alcanza con no hacer para evitar un compromiso. Es necesario hacer, para resultar bendecido.
Dios quería hablarle a Jeremías para que lleve una palabra a Israel. No fue a visitar a Jeremías. Tampoco lo llamó a su presencia. Le dijo:
“Levántate y ve a la casa del alfarero. Allí te daré un mensaje.” (Jeremías 18:2)
“Levantate y andá.” Hacer para recibir. Dar para recibir. Sembrar para cosechar.
¿Te acordás de “no se puede dejar de ser lo que no se es”? Bueno, no podés invalidar los principios activos de la palabra de Dios y del evangelio.
No se puede ser cristiano sin seguir a Cristo.
No se puede ser cristiano sin compartir el evangelio.
No se puede ser cristiano sin dar…
De tu tiempo,
De tu servicio,
De tu adoración,
De tu compromiso,
De tu entrega,
De tu dinero…
No se puede ser cristiano, sin hacer…
¿Qué estás haciendo?
¿Qué estás “no haciendo”?
¿Qué no estás cosechando?
“Hacer o no hacer” es muy cercano al “Ser o no ser…”
