Paciencia Activa

Paciencia no es una palabra que entre cómoda en mi vocabulario. Es una de esas que uno toma casi por obligación y con el entendimiento de que hay que procesarla… pero no es de las mías.

Me divierte cuando la gente me dice: “¡Pastor… qué paciencia que tiene usted!”, y yo, sorprendido, respondo (sí, confieso): “¡Yo no tengo paciencia!”.
No me gusta esperar. No hago colas ni para recibir una promoción o un regalo. Mucho menos para pagar.
¿Cola para entrar a un restaurante? ¡Pero ni se te ocurra! Voy a distenderme, relajarme, pasarla bien con la compañía elegida y comer algo bueno. ¡No voy a estresarme esperando para que la comida me caiga mal!

A veces estás obligado a esperar. Termino de editar un video, tengo que esperar que se procese. Voy a descargar una app u otra cosa de internet, tengo que esperar que se descargue e instale. Obviamente, si quiero comer algo que me gusta, tengo que esperar el tiempo de cocción o, en un restaurante, el tiempo que lleva la preparación. (Pero si el mozo tarda en atenderme, me fui).

La vida está llena de esperas y paciencias. Pensemos solamente en un embarazo: no te impacienta esperar nueve meses; es el tiempo acordado y establecido. Debe ser eso… que las esperas sin tiempo de finalización son las que desesperan. Tenés que esperar… a que te llegue. Si te dieran un tiempo —no sé, “en 30 minutos puede entrar”— entonces elegís libremente si esperás o no.

Un buen vino, un queso de calidad, un tratamiento facial o un corte de pelo: todos requieren paciencia para obtener y disfrutar del producto terminado. La paciencia es el camino para la maduración.

Pero la paciencia no es una droga milagrosa que hace que las cosas pasen. ¡Cuántas veces escuché decir “el tiempo lo cura todo”! creyendo que, solo por esperar, las cosas iban a mejorar.
O aquellos que luchan con el negacionismo (no, no hablo de nazis, ni del Holocausto ni de los desaparecidos en la dictadura argentina): tenés un problema, hay que resolverlo, te hacés el que no pasa nada, que ni lo ves (lo negás) y suponés que solo por eso va a desaparecer. Como Adán, que pensó que si se escondía de Dios, Él no se iba a enterar.

O cuando las parejas “se toman un tiempo”.
No, corazón, no te tomes un tiempo. Tomate un mate, o un café o una cerveza, pero no un tiempo. El tiempo no cambia las cosas… a lo sumo las afirma o las enfría.

La paciencia debe ir acompañada de la acción. Es lo que llamamos paciencia activa, que funciona dentro del principio de la siembra y la cosecha (todo es siembra y cosecha): hacés algo, esperás, recibís algo.

La paciencia es como la sal o la pimienta: si las probás solas, son inaceptables; pero en la comida, suman y resaltan el sabor.

Una paciencia activa, una paciencia que da sabor. Como la espera de la cosecha. Sembrás la tierra, plantás la semilla y te… ¿sentás? a esperar.
Jesús dijo que, sin saber cómo, la semilla se convierte en espiga y la espiga se alista para hacer harina, comer y volver a sembrar. (Marcos 4:26-29)

¿Y el cómo? El cómo lo hace Dios. No te corresponde. No está en tu jurisdicción, ni en tu área de influencia, ni bajo tu autoridad. Depende solo y exclusivamente de Dios… si hiciste tu parte: preparar, sembrar, cuidar.

Dice Hebreos 10:36: “Lo que ustedes necesitan es tener paciencia, para que, una vez que hayan hecho la voluntad de Dios, reciban lo que Él ha prometido darnos”.

El evangelio de la prosperidad te decía: “Pactá con Dios, ofrecele algo; si a Dios le interesa, acepta el trato y te bendice”.
Pero el evangelio de la prosperidad no es el evangelio de Cristo.
El evangelio de Cristo dice: “Sembrá, hacé lo que Dios te manda y esperá”.

Paciencia… podríamos decir que es un mal necesario. Pero no tan malo: es el camino a la madurez y a la cosecha.

¿Estás esperando tu promesa?
¿Estás batallando para conquistarla?
¿Estás esperando tu cosecha?
¿O ya bajaste los brazos?

¿Sos de los que esperan?
¿O de los que se ponen locos al esperar?

¿Te ocupaste de la tierra antes de sembrar?
¿Sembraste la semilla?
¿Por qué pensás que no va a germinar?

“No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos.” (Gálatas 6:9)

Dejar un comentario