Marcha Atrás

Tal vez no lo sabías, pero desde hace 30 años (desde 1993, para ser exactos) existe una ley que otorga un plazo de garantía obligatoria de seis meses a cualquier producto comprado (nuevo; si es usado, solo tres). Normalmente no te lo dicen, y ante un problema fingen demencia diciendo que no, que tenías solo tres días para la devolución, o 30 días de garantía.

Esto te da un marco de contención que evita que seas estafado, engañado o directamente robado, tanto por comerciantes como por fabricantes (pero tenés que saberlo; si no, perdiste), y al mismo tiempo incentiva el consumo, porque si yo sé que puedo devolver algo sin problemas, compro con más confianza.

Eso me pasó muchas veces con compras online. Si es una compra directa, te aconsejo revisar primero la política de devolución; si vas a comprar por Mercado Libre, hacelo tranquilo, porque de mínima te dan 30 días para devolución sin motivo.

Esto me lleva a recordar también el viejo eslogan de Carrefour: “el precio más bajo o te devolvemos la diferencia”, que no creo que siga vigente, pero era una suerte de garantía.

En definitiva, si no estás conforme con el producto, o si tiene una falla, o si compraste por error, podés arrepentirte (ahora existe el botón de arrepentimiento en las compras online), o podés pedir una devolución o cambio.

Es complicado tomar decisiones y adaptarse a los cambios. La inercia, como ley física, afecta nuestra vida natural y nos hace tener la tendencia a volver al punto original. Es más fácil quedarte donde estás, o volver inmediatamente donde estabas, que enfrentar las posibles dificultades que todo cambio presenta.

Hablando de cambios, es como cuando pasás de primera a segunda, o de tercera a cuarta: la palanca tiende a volver al punto muerto, su posición de descanso original.

Cuando decidís seguir a Cristo pasa lo mismo. Al principio hay un torbellino de emociones que te empuja como un tornado, pero cuando la cosa se calma un poco (siempre las emociones encuentran su equilibrio) empezás a ver el plano completo y, como le pasó a Israel en el desierto, tenés la tendencia a mirar hacia atrás.

Tal vez estás diciendo: “¡A mí nunca me pasó!”, y te felicito si fue así, pero en líneas generales todos enfrentamos esas luchas, que se convierten en pruebas de fe, y por las que salimos aprobados o desaprobados.

Viene a mi mente la canción de Marcos Witt: “Dios no nos trajo hasta aquí para volver atrás…”, que alude a todo el proceso de Josué que estamos viendo en Conquistando la Promesa, y que termina ese verso diciendo: “Nos trajo aquí a poseer la tierra que Él nos dio”.

No volver atrás. Permanecer. Mantenerte en la posición a pesar de las circunstancias. “Atarte al palo mayor” para que la tormenta no te saque del timón. Evitar ser una “esposa de Lot” (Génesis 19:26), de la que ni su nombre conocemos, pero que, por mirar atrás, se convirtió en estatua ¡de sal! ¿Te imaginás?

¿Cómo se hace? ¿Cuál es la clave? ¿Cuál es el secreto para per-ma-ne-cer… a pesar de…?

Creo que el tema está en el foco. Tener una meta, saber qué valor le das a esa meta, cuánto impacta o afecta a tu vida alcanzarla, y qué actitud tomás en consecuencia.

Como Pedro caminando sobre el agua mientras miraba a Jesús, hasta que miró el conflicto y empezó a hundirse (Mateo 14:29-30). O el mismo Moisés, de quien el autor de Hebreos dice que pudo soportar las aflicciones abandonando una vida de lujos, porque tenía “su mirada puesta en el premio que iba a recibir” (Hebreos 11:26).

Dice también Hebreos, hablando de todos estos y otros más, que “si hubieran estado pensando en la patria de donde salieron, tiempo tenían para volver. Pero ellos anhelaban una patria mejor, es decir, la patria celestial…” (Hebreos 11:15-16).

No creo que el evangelio te haya salido fallado como para querer devolverlo. No me parece que la vida anterior sea mejor. Lo que sí sé es que se niega a desaparecer y todo el tiempo llama para recuperar su lugar.

Si miraste hacia adelante, ya no mires atrás. Si elegiste la mejor vida, no vuelvas a la normal. Si estás camino a la perfección y a la eternidad, ya no escuches la voz de tu pasado… ¿tendrá algo nuevo para contarte?

Todos ellos lucharon, y todos ellos llegaron. Así Dios también va a decir de vos que “…no se avergüenza de llamarse tu Dios; al contrario…” (Hebreos 11:16).

Dejar un comentario