Llegada

La fábula de la tortuga y la liebre nos sirve de ejemplo para la vida cristiana. En ese viejo cuento infantil, la liebre se burla constantemente de la tortuga por su lentitud. Al contrario de la tortuga, que iba a paso lento y cansino pero firme y sin detenerse, la liebre se tomaba descansos, se dormía una siesta, se ponía junto a la tortuga para ridiculizarla, sabiendo que ella (¿por qué la tomamos como hembra?) ya tenía la victoria asegurada y no había manera de que la tortuga (¿también hembra?) llegara primero a la meta final.

¡Sabés cómo terminó la historia! Tanto descansó y se distrajo la liebre que… la tortuga ganó la carrera…

Cuando entrenás para carrera pedestre o para una maratón, casi lo primero que te enseñan es esto. Lo mismo si corrés en bicicleta: no gastes toda la fuerza en las primeras vueltas, que esas sean un calentamiento constante, y dejá para el final —cuando ya todos están cansados— aumentar la velocidad y pasar al frente.
Un poco de estrategia para llegar a la meta.

¿Qué es más importante: cómo empezás, cómo seguís o cómo llegás?
No hago una defensa de “el fin justifica los medios”, porque no es algo dogmático, es muy relativo a cada situación.
La tortuga empezó mal, siguió mal y terminó bien. Es preferible, dijo alguien alguna vez, “dar pasos cortos y lentos, pero firmes, antes que los grandes pasos inestables, porque ‘a los que dan pasos de gigante, los derriban los pequeños David’”.

Ya lo dijo Jesús: “el que persevere hasta el fin, será salvo” (Mateo 24:13).
No alcanza con empezar, es necesario avanzar; no alcanza con avanzar, es necesario perseverar; es necesario alcanzar.

“Yo conozco tus obras, tu amor y tu fe; tu servicio y tu paciencia.” Le dijo también Jesús a la iglesia de Tiatira… “También sé que tus últimas obras son mejores que las primeras.” (Apocalipsis 2:19)
“…tus últimas obras son mejores que las primeras.” ¿Quiere esto decir que sus primeras obras fueron peores que las últimas? ¿Quiere esto decir que esas primeras no fueron buenas? ¿Quiere esto decir que su comienzo fue malo, o por lo menos mediocre? A todo… sí.

En el Señor lo importante es llegar. ¿Te acordás del ladrón en la cruz? (Lucas 23:42–43). Obviamente su vida no fue un ejemplo ni un dechado de integridad; pero a ese Jesús le dijo: “hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43).

Ya lo dice también el salmista: “…confía en el Señor, porque el Señor es misericordioso; ¡en él hay abundante redención!” (Salmos 130:7).

“…abundante redención”. Ya de por sí, la redención va de la mano de la gracia. La gracia es un favor recibido que no merecés recibir, y la redención es el pago que se hizo en rescate de tu vida, que estaba en esclavitud.
A eso sumale “abundante” y te encontrás con el verdadero carácter y amor de Dios: el que sí juzga, el que sí condena, pero cuya misericordia triunfa sobre el juicio (Santiago 2:13).

¿Cómo va tu andar diario?
¿Cómo va tu caminar en Cristo?
¿Cómo empezaste?
¿Cómo seguís?
¿Cómo vas a terminar?
¿Vas a alcanzar?

Si arrancaste bien… mantenete y permanecé.
Si seguiste bien… permanecé y alcanzá.
Si vas bien… apuntá siempre a lo que tenés por delante, hasta llegar.

Si arrancaste mal, o si no vas tan bien… todavía estás a tiempo, hasta el último minuto estás a tiempo, de que tus “últimas obras sean mejores que las primeras”.

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