Perseverancia

¿Te conté de mi conflicto con “el correcaminos”? Bueno, en realidad el conflicto es con “el coyote”.

¡Sí, te conté! ¿Estaré ya en esa etapa de repetir historias sin darme cuenta? No… soy bien consciente de que ya la conocés, pero dicen que el público se renueva…

¿Por qué no insistía? Sí insistía, pero cambiaba constantemente de plan. Es cierto que, si un plan no funciona, no debés abandonar la meta sino cambiar el plan, ¡pero dale al plan la oportunidad de funcionar!
No. Intentaba una vez, fallaba y cambiaba el plan.

¡Encima cada nuevo plan era una inversión de dinero! Parece que ACME se enriqueció gracias al coyote. El coyote escuchó los podcasts sobre metas, pero me parece que no escuchó los de finanzas. Dale al plan la oportunidad de funcionar.

¿Podemos comparar al coyote con la fe? Podemos. Habacuc dice, en uno de esos pasajes bien conocidos:
“La visión va a tardar todavía algún tiempo, pero su cumplimiento se acerca, y no dejará de cumplirse. Aunque tarde, espera a que llegue, porque vendrá sin falta. No tarda ya.” (Habacuc 2:3)

Su cumplimiento se acerca; no dejará de cumplirse. Aunque tarde, esperá; sin falta vendrá, no falta ya. Como decimos sobre la fe: “Saber que Dios va a hacer lo que dijo que iba a hacer”.

No siempre las cosas salen como uno espera. Tampoco como uno quiere. Estar bajo la voluntad de Dios es entender que las cosas no son a mi manera ni a la tuya, sino a la manera de Dios.
Tenemos una idea, armamos un plan, nos ponemos una meta. Y la cosa se estanca, o se desvía, o va a los tumbos.
¿Qué hacer? ¿Cómo actuar?

La respuesta fácil, la simple, la del mediocre, la del necio, la del coyote, es abandonar.
¡Ah, claro! Otra vez me vas a decir que el coyote fue perseverante. ¡Pero que no! Perseveró en la meta, pero no cuidó los planes ni evaluó la relación costo-beneficio. Si la única vez que el correcaminos se le puso a la mano… ¡se quedó dormido! Por el estrés de luchar sin tener un plan definido.

La clave está en perseverar, permanecer y (aunque no me guste) esperar.

De eso mismo habla también Habacuc. No sobre una meta, sino respecto a una oración. Se estaba quejando por no entender los tiempos y procesos de Dios. En más de una ocasión quiso revolear todo e irse a otro lado, como Jonás. Pero era un hombre de Dios. Luchado, probado, en crisis. Nada que no te haya pasado a vos (ni a mí)…

“Decidí mantenerme vigilante. Decidí mantenerme en pie sobre la fortaleza. Decidí no dormir hasta saber lo que el Señor me iba a decir y qué respuesta daría a mi queja.” (Habacuc 2:1)

Como verás, hay un componente adicional: la decisión.
¡Cómo me costó hoy decidir qué texto usar! En varios, Dios hoy me habló. Pero hay que tomar una decisión, porque no tomar una decisión es… tomar la decisión de seguir igual.

¿Y qué decidió? Mantenerse vigilante, mantenerse de pie, no descansar, no aflojar, no dormirse hasta obtener la respuesta que buscaba. Si no leyó a Jonás, ¡seguro que leyó a Jacob!, en ese empecinamiento con el ángel que le hizo gritar: “¡No te dejaré hasta que me bendigas!” (Génesis 32:26)

Y Dios respaldó el clamor de Jacob… y el de Habacuc.

Sí, porque le respondió. No lo que él quiso, sino lo que Dios tenía que responder. No fue, tal vez, algo agradable. Después de todo, la respuesta no siempre va a ser positiva. ¿Viste cuando el nene te pide permiso para algo y se lo negás, y entonces reclama: “¡Pero te pedí permiso!”?
No. El permiso no es la clave; el clamor es la clave. Y la aceptación de la respuesta recibida.

“Aunque todo se vea mal” (simplificando a Habacuc), “igual voy a esperar en Dios” (Habacuc 3:17–19).

La clave es el clamor. La clave es la perseverancia. La clave es la respuesta y la clave es la aceptación.
¿Cuánto hace que esperás lo que Dios te prometió? ¿Te cansaste a la primera semana, o fuiste capaz de contar los años? No digo que sea como con Abraham, que tardó 25 años, ¡ni con Israel, que tardó 430! En el tiempo perfecto, en el momento apropiado, cuando todo confluya en la voluntad de Dios, la respuesta llegará.
¿No leíste que hasta tiene un ángel preparado desde hace milenios solo para actuar en un momento específico? (Apocalipsis 9:15)

Además, es un entrenamiento. La perseverancia y la paciencia trabajan en tu carácter, forjando en vos el carácter de Cristo. Y, teniendo el carácter de Cristo, te convierte en más que vencedor (Romanos 8:37).
¡La paciencia no avergüenza!, dice Pablo (Romanos 5:3–5). Saca lo mejor de vos (aunque al principio asome lo peor).

Anoche hablamos de Adulam, la fortaleza del aislamiento, que aparece cuando nos agotamos, nos encerramos en nuestros pensamientos, hacemos caso a nuestro ruido mental y permitimos que nos haga sentir víctimas de todo y de todos.
Como dije anoche: “¡Mové las patas, salí de Adulam!”. Permanecé, perseverá, esperá.

Tal vez estás cansado. Tal vez mirás la situación con los ojos de tu frustración. Tal vez medís tus fuerzas por lo que invertiste y no por lo que ganaste. Tal vez hayas afinado el oído para aceptar la mediocridad, la frustración, el dolor y el fracaso.
¿Te acordás de Jaime Murrel? “Ayúdame a mirar con tus ojos, yo quiero sentir con tu corazón…”

Permanecé, perseverá, esperá.

“La visión va a tardar todavía algún tiempo, pero su cumplimiento se acerca, y no dejará de cumplirse. Aunque tarde, espera a que llegue, porque vendrá sin falta. No tarda ya.”
(Habacuc 2:3)

4 comentarios en “Perseverancia

  1. Estimado, pero a veces juega las circunstancias de ese momento? y decís abandono el barco ,espero la otra barca es más chica y la puedo dominar, y no la podés tampoco dominar ,ese es momento ? Pastor Walter lo q usted mencionó el miércoles el aislamiento tendemos a buscar eso y no avanzar xq a mí me pasa a veces , pero dijo ya fue , y la duda mía es , Adulan sería no tengo fortaleza ? Bendiciones gracias

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