“Inicios pequeños con grandes finales”.
Es la tercera línea de la declaración profética para este año que empezó hace apenas 10 horas atrás.
Por supuesto que una declaración no es la fórmula mágica ni la lámpara de Aladino. Es una dirección a transitar, un camino a recorrer, que requiere una actitud firme y determinada para tomar acciones que nos lleven por ese camino.
Para ponerme más tradicional y obvio, tendría que decir que “tenemos por delante un libro en blanco para escribir” y que cuidemos qué escribimos en él; que “nos han sido otorgadas 365 oportunidades” y que no las despreciemos, porque nunca, nunca, se puede recuperar el tiempo perdido. ¡Mirá, ya son las 10:30! Diez horas y media ya se fueron de este bebé 2026.
Pero no me vas a encontrar en lo melancotradicional. Aunque ya pasaron diez horas, todavía quedan 364 días y 13 horas y media para tomar decisiones que te hagan avanzar.
“Inicios pequeños con grandes finales”.
Como la vida misma, como un emprendimiento, como cuando tuviste tu primer auto, o te mudaste solo por primera vez. A la vista de los demás puede haber parecido poca cosa. Tal vez vos mismo hoy lo recuerdes así o, si estás empezando en esa, hoy te veas así.
Pero así como nadie nació sabiendo y no se construye una terraza sin cavar la tierra primero; así como para tener agua o luz en tu casa tuviste (o tuvieron) que amurar y seguramente esconder caños que hoy no se ven, así lo grande comienza pequeño.
¿Nunca te “metieron el perro” con un cachorrito que no iba a crecer más de lo que era… y después resultó un caballo?
¿Acaso los huevos de aves, o reptiles, ¡o dinosaurios!, son del tamaño del animal adulto?
¿No sos acaso el resultado de la unión de dos células, un espermatozoide y un óvulo, que mide uno 50 micrómetros (0,05 mm) y el otro 100 micrómetros (0,1 mm), y sin embargo te convertiste en un mono que primero rondabas los 3 kilos y 50 cm, pero podés llegar, o llegaste, a 1,60 m (o 1,90) y unos 50 kg (o 120)?
Tus inicios no te definen; son un punto de partida desde el cual comenzar hasta llegar a un destino mucho mayor de lo que tus ojos veían.
Cuenta Moisés que:
“La tierra no tenía entonces ninguna forma; todo era un mar profundo cubierto de oscuridad…” (Génesis 1:2)
Una cosa sin forma (o deforme), que no pintaba bien, rodeada de oscuridad, lo que te puede hacer pensar que está destinado a fracasar, o hundirse, a morir; se convirtió en el lugar seguro y habitación de 8.300.000.000 (ocho mil trescientos millones) de personas.
¿Querés un dato? El que creó al mundo es el mismo que te hizo a vos. El que le dio forma es el mismo que te modela a vos. El que lo sostuvo para que siga debajo de tus pies es el mismo que te sostiene a vos y te dice:
“Aunque caigas, te vas a levantar” (Salmos 37:24).
Hay solo un condicional. Termina 1:2 de Génesis diciendo: “Y el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas.”
Tu origen no te condiciona, ni tu entorno te define. Son tus decisiones de hoy las que edifican tu mañana…
“Reconoce a Dios en todos tus caminos” (Proverbios 3:6); involucrá a Dios en tu vida.
¿Estás mirando tu pequeñez?
¿Estás preocupado por tu insignificancia?
¿Te ves o te sentís como poca cosa?
“Inicios pequeños con grandes finales”…
Como dijo Hageo: “La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera” (Hageo 2:9);
como dijo Job: “Aunque tu principio haya sido pequeño, tu postrer estado será muy grande” (Job 8:7).
“Inicios pequeños con grandes finales”… y ya son… ¡casi las 11:30h!
