Lo que se consagra a Dios aumenta su valor.
Yo quería entrar por otro lado hoy. Quería hablarte de salir de la comodidad, de romper con tu zona de confort, pero esta frase me taladra la cabeza: “lo que se consagra a Dios aumenta su valor”. Así que voy a salir yo de mi zona de confort y vamos por ese lado…
La ley del rescate, en el sistema de ofrendas y sacrificios del Antiguo Testamento, era todo un tratado comercial. Levítico detalla no solo qué tipo de animal debía ofrecerse para cada ofrenda, sino cómo debía ser o estar ese animal. Su condición física era súper relevante porque hablaba de la importancia que se le daba al Dios que recibía la ofrenda y del costo que el oferente (el que ofrendaba) estaba pagando de su propio rebaño para darle a Dios.
Además de animales, existía la ofrenda consagratoria, donde, como en el caso de la iglesia de Hechos, los israelitas entregaban sus posesiones a Dios, normalmente para uso del santuario o la casta sacerdotal. Así podían entregarse no solo animales o dinero, sino también casas, terrenos o elementos de valor. Es muy probable que alguna vez hayas escuchado la idea de “darle a Dios” algún objeto como una ofrenda especial (normalmente relojes, pulseras, cadenas, anillos… autos, títulos de propiedad, escrituras, casas…).
La idea provenía de ese sistema de Levítico.
Pero algunas personas ofrendaban sus bienes y después se arrepentían. Nunca tomes decisiones guiado por la emoción. Nunca tomes decisiones estando muy alegre o muy triste. Nunca tomes decisiones cuando estés enojado ni dejes que los demás dirijan tus decisiones.
Estos se arrepentían e iban al sacerdote a recuperar su casa, terreno o joyas… pero lo que consagrás a Dios aumenta su valor…
“En caso de que el que consagró la casa quiera rescatarla, deberá dar una quinta parte más del valor en que había sido calculada, y la casa volverá a ser suya.” (Levítico 27:15)
Una quinta parte del valor, para que no te enloquezcas haciendo cuentas (y si te llevaste matemáticas, peor), es el 20 % adicional al valor original del objeto ofrendado. Si la propiedad valía 100, para poder recuperarla deberían pagar 120… y así sucesivamente si querías volver a ofrendar. ¿Pensabas que te iba a costar lo mismo? No. Por el solo hecho de ser propiedad de Dios, incrementa su valor.
Hasta acá todo bien. Y ahora viene el problema. ¿Por qué permitimos que nos bajen el precio como si no valiéramos lo que valemos?
Acepto que podamos tener problemas de autoestima. Estamos trabajando en eso y este año es tu año de cambio de posición.
Por eso puede ser que no reconozcas tu valor, lo que es un problema en sí mismo, pero repito, estamos trabajando en eso.
Pero si un día tomaste la decisión de entregarle tu vida a Cristo… ¡ya entendiste!
Aun aceptando tu postura distorsionada de no creer que valés lo que valés, cuando te entregaste al Señor aumentó tu valor.
¿Por qué permitís que te menosprecien (que te bajen el precio)?
¿Por qué te relacionás con los que no te valoran?
¿Por qué regalás tu presencia y tus dones?
¿Por qué te “rebajás” estando o permaneciendo donde no sos valorado?
La respuesta a todo eso suele ser, justamente, que no sos consciente de tu valor.
Que creas que, al contrario, valés menos que los demás.
Que pienses que otros valen más que vos o tienen una mayor capacidad.
En ese caso (aprovecho), salí de tu zona de confort.
Jesús mandó a sus discípulos a buscar un burro para preparar su entrada a Jerusalén. Lo curioso es que, llegando a una aldea, los mandó que vayan, apenas llegados, “a la aldea de enfrente” (Marcos 11:2). ¿No podían buscar un burro de ese mismo lugar?
Parece que no. Parece que a veces no hay que conformarse con lo conocido ni con lo cercano, sino “cruzar al otro lado” para darle al Señor lo que Él está necesitando.
¿Cómo vas con el Desafío Marzo? Hoy recién es el tercer día. Estamos decididos a dejar atrás la impulsividad, los caprichos y a no depender de lo que digan o hagan los demás.
Salí de tu zona de confort. Pasá al otro lado. Valés, y valés mucho más de lo que podías llegar a pensar.
¿Sabés cuánto se pagó por vos? Fuiste comprado por el precio de la sangre de Jesús. Tu valor es el de la sangre de Cristo… y encima… “lo que se entrega al Señor aumenta su valor”.
No sos saldo de liquidación.
No sos oferta de temporada.
No sos descarte emocional de nadie.
Dejá de aceptar descuentos o de ofrecer rebajas cuando Dios pagó un alto precio por vos…
…y lo que se consagra al Señor… aumenta su valor.
