Viejos Conocidos

Durante mucho y largo tiempo, la iglesia hizo toda una doctrina alrededor de la guerra espiritual y los demonios. Es parte, sí, hay que reconocerlo, de las modas de la iglesia (no las voy a mencionar porque ya lo hice muchas veces y me aburro yo mismo de eso). Pero con el auge del ministerio de Carlos Annacondia allá por los 80/90, el “¡oíme bien, satanás!” pasó a ser parte del día a día de la iglesia.

Como siempre, malinterpretando y sacando textos fuera de contexto, el único pasaje bíblico donde Jesús conversa con un demonio se convirtió en fuente doctrinal para afirmar que hay que hacerlos hablar.

Los cultores de esta falsa enseñanza decían que, si no los echabas “por su nombre”, los demonios no obedecían (subestimando, entonces, el nombre de Jesús). ¿Te imaginás a Jesús dependiendo de una confesión para poder manifestar su autoridad?

También hay que reconocer que hacer hablar a los demonios generaba un poco de morbo al “cholulismo evangélico sobrenatural”, así como le daba más “chapa” y renombre a quienes los hacían hablar (“evangélicos”, no lo entenderías…).

Así hemos visto (u oído) pasar por las viejas radios cristianas liberaciones completas conversando con esos bicharracos.

Admitamos que, también es cierto, Jesús conversó con los demonios del gadareno. ¡Pobre tipo! Estaba tomado de la cabeza a los pies. Jesús los hizo hablar. Igual que cuando oró en voz alta para que quienes estaban alrededor “crean que Dios lo había enviado” (Juan 11:41–42).

Así, como en esa oportunidad, los discípulos descubrieron que podía operar más de un demonio en conjunto, que una persona podía estar atada por un par o por cientos (o miles), y así pudieron también ver el poder de Jesús.

Pero… ¡a que no sabés! No fue eso lo que Dios me habló. Eso fue solo un comentario entre vos y yo, entre mate y mate, para entrar en confianza. Lo que el Señor me habló es que…

“De muchos enfermos también salieron demonios, que gritaban: —¡Tú eres el Hijo de Dios! Pero Jesús reprendía a los demonios y no los dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías.” (Lucas 4:41)

Primero: “Jesús no los dejaba hablar”. Listo. Tema cerrado.

Segundo: Esto sí es interesante. Los demonios son más conscientes que muchos cristianos acerca de quién es Jesús y cuál es su poder. ¡Ay!

Sabemos quién es Jesús.
¿Sabemos quién es Jesús?
¿Cómo actuás delante de él?
¿Cómo actuás en su nombre?
¿Hablás con él? ¿Hablás de él?

A los demonios no se les permitió hablar porque sabían que era el “enviado de Dios con poder para hacer su obra de salvación de una humanidad perdida”.

Y vos que lo sabés (¿lo sabés?), ¿vas a actuar como un demonio? ¿Te vas a poner a su altura?
¿Tampoco sabías que estás por encima?

Definitivamente necesitamos arrepentirnos. Sí, “cambiar nuestra manera de pensar”. “Metanoia”, ¿te acordás?

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