No es la primera vez que te lo digo. ¡Te aseguro que no va a ser la última!
¡Cuidá tu mente!
Según la necesidad, la experiencia personal, la edad o los gustos también… pasamos años cuidando la estética: tratamos de estar mínimamente a la moda (aunque digas que no, lo hacés); cuidás tu alimentación (que también está de moda, y eso es bueno); cuidás tu cuerpo entrenando (otra moda impuesta que también es buena).
Tal vez sos cuidadoso en elegir tu entorno. Espero que así sea. No te relacionás con todo el mundo de la misma manera y buscás compartir tu tiempo con gente que sume y no reste.
Si sos de los que ya aprendieron… cuidás tu boca. No hablás de más y sos cuidadoso de con quién hacerlo. No contás tus cosas ni todo lo que te pasa, y mucho menos tus proyectos, salvo a aquellos que, como dije más arriba, te sumen, aporten y te sean de bendición.
Ezequías tuvo una mala experiencia en ese tema, por bocón, pero más que nada por arrogante. Quiso que todos vean sus riquezas y poderío, y… le salió el tiro por la culata. Dios le cobró ese descuido y fue llevado cautivo por sus “amigos” (2 Reyes 20:12–18; 2 Reyes 20:16–18; 2 Crónicas 32:25–31).
Nehemías sí la tenía clara. Se me ocurre que, habiendo sido copero del rey, habrá visto y oído muchas cosas… y habrá presenciado más de una filtración y traición. Avivado en el asunto, cuando llegó a Jerusalén para reedificar sus murallas “no le dijo a nadie lo que iba a hacer” mientras hizo una inspección ocular para saber qué hacer (Nehemías 2:12–16).
Así, con otras cosas, somos gente cuidadosa (siempre hablando genéricamente).
Pero… ¿cuidamos lo más importante?
No quiero entrar en el debate sobre qué cosa es más importante, porque cada uno tendrá una visión particular.
Pero no podés negar que lo que pasa en tu cabeza es importante.
¿Nunca te “hiciste el bocho”? ¿Nunca te “hicieron la cabeza”? ¿Nunca “te la llenaron” o “te hicieron el coco”?
¿Nunca te “rompiste la cabeza” buscando una respuesta o una solución?
Sí, lo que pasa en la cabeza es importante.
Salomón dice que es “fuente de vida” (Proverbios 4:23).
Dice también, mirando otras versiones (¡me encanta!), que de la mente o corazón:
- “Mana la vida”
- “Brotan los manantiales de la vida”
- “Controla tu vida”
- “Emana la vida”
- “Determina el rumbo de la vida”
Muy clara y acertada esta última.
Si tu cabeza es la que hace todo eso, ¿no tendrías que cuidarla un poco más?
¿No tendrías que controlar de qué la alimentás?
¿No deberías cuidar lo que ves, escuchás y con quién estás?
¿No deberías cuidar lo que pensás?
Jesús dijo que “el fruto define al árbol” (Mateo 7:16–20), por lo tanto, tendrías que evaluar tus acciones y palabras para saber cómo está tu cabeza y ¡qué tiene adentro!
Tu futuro es el resultado de tus hábitos y acciones.
Tus acciones y hábitos son el resultado de tus decisiones.
Tus decisiones son el resultado de tus pensamientos.
Tus pensamientos son el resultado de los procesos de tu mente.
Los procesos de tu mente son el resultado de su alimentación.
¿Con qué alimentás tu mente?
“Cuida tu mente más que nada en el mundo, porque ella es fuente de vida.” (Proverbios 4:23)
