Fantasías

Yo soy consciente, no soy un inocente en esto, de que el evangelio parece una fantasía infantil.

Si bien en los tiempos que vivimos cada vez hay menos fantasía (y menos inocencia), y los “infantes” de este tiempo son unos pequeños monstruitos que bailan reggaetón y aprenden a “perrear” (no me imagino en esta época un programa como “Patolandia” con “el Pato Carret”, “Carozo” y “Narizota”). El evangelio parece una película de ficción.

Hablamos de ángeles y demonios, del fin del mundo y de una batalla literalmente apocalíptica.
Hablamos de dones, unción, reino.
Nos codeamos con la futurología, precognición y premoniciones (profecía).
Hablamos de una palabra que tiene vida y poder, y de un Dios que se convirtió en esa palabra.

Decimos que estamos “en Cristo”, pero que Cristo está en nosotros.

Que estamos en el mundo (¿dónde, si no?), pero no somos del mundo. Que vivimos en ese mundo, pero que no pertenecemos y no debemos permitir que ese mundo nos cautive, nos atrape y nos contamine.

Sí… estamos re locos. Parece una historia digna de Disney… pero es el evangelio.

Este mismo evangelio es el que nos confronta con el Salmo 91, “el Salmo”.
Algunos se lo aprenden de memoria, de tanto repetir, declarar y orar con esas verdades…

Pero hoy me habló un versículo que nos ha marcado como iglesia. Me doy cuenta, al escribir, que casi dejamos de declararlo. No sé si es bueno eso. ¿Es bueno? ¿Es malo? ¿Será, tal vez, que lo hemos incorporado? Mmm… aunque así sea, debemos tenerlo siempre en la cabeza, aunque parezca una película de Disney o una sutil fantasía:

“Caerán a tu lado mil y diez mil a tu diestra, mas a ti no te llegará” (v. 7).
O como lo decimos en la iglesia: “Caerán a mi lado mil y diez mil a mi diestra, mas a mí no me llegará”.

En pandemia todos levantamos el Salmo 91 como bandera. No había quien no declarara el v. 10: “… ni plaga tocará tu morada…”. Así, de esa manera, pero antes de la pandemia, ya hacíamos la declaración del v. 7: “pase lo que pase a mi alrededor, a mí no me va a tocar”.

¿Y sabés qué pasó? ¡Que se cumplió!

No hace falta explicarle a un argentino lo que es vivir en inflación o crisis económica. No hace falta explicar qué es un tarifazo o un desabastecimiento. Pero aun así… Dios ha sido fiel y “… a mí no me llegó”.

Muchas veces hice la pregunta: ¿dejaste de comer? ¿dejaste de vestirte? ¿dejaste de viajar en colectivo o cargar nafta a tu auto? Y la respuesta siempre fue: “no”.

Seguramente tuvimos que ajustarnos y seguramente lo seguimos haciendo, pero también, del mismo modo, “… a vos no te llegará” (y no te digo “seguramente”, porque es una certeza: no te llegará).

Repito, no somos inocentes y parece de película: ir caminando y ver que a tus dos costados van cayendo multitudes, pero vos te mantenés en pie. ¡Otra que Hulk o Superman!

Parece fantasía, pero no lo es.
Parece Disney, pero tampoco es.
Es simple, lisa y llanamente… fe.

“Es, pues, la fe, la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1).

Así… fe. No ver nada, ver todo mal, no tener idea de cómo se van a dar las cosas… pero saber que Dios va a hacer lo que Él dijo que iba a hacer.

El que dijo que iba a estar con vos “todos los días hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20).
El que dijo que “nunca te dejará ni te desamparará” (Hebreos 13:5).
El que dijo que “aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá” (Salmo 27:10).

Ayer lo resumí, sin saber que hoy lo iba a decir, con estas palabras: La clave está en:

  • Pertenecer
  • Perseverar
  • Permanecer

No mirar lo que pasa a tu derecha o izquierda, sino mantener “los ojos puestos en Jesús” (Hebreos 12:2).
Que no te importe lo que va pasando a tu alrededor, sino que “tus ojos miren lo recto, y diríjanse tus párpados hacia lo que tienes delante” (Proverbios 4:25).

No es fantasía. No es infantilismo. No es Disney.
Es creer.

Creer cuando todo alrededor grita lo contrario.
Creer (otra vez) que Dios va a hacer lo que dijo que iba a hacer.

En definitiva…
“El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente…” (Salmo 91:1)

Dejar un comentario