Autor: Pr Walter Escalante

Blog personal del pastor de la Iglesia Restauración en la ciudad de Florencio Varela, Argentina

El Tiempo de la Poda

Se van acercando los primeros fríos. No hay heladas todavía pero ya el Sol es más distante cada día.

Muchos insectos y algunos animales comienzan a prepararse para el tiempo de encierro, acumulando alimentos, proteínas, energía.Claro, también en este tiempo es cuando comienza la procreación y multiplicación de sus especies.

Amanece. El tibio Sol va levantando la humedad de la tierra y de las hojas, que acumularon con el rocío de la noche. Los pasos del viñador se hacen perceptibles cruzando el campo.

La vid estremece sus hojas. No, no es por la brisa matinal. Es que ve a su amigo que se acerca.

Es aquél que durante las heladas la cubre con lienzos de lino para preservar su fruto incipiente. Es aquél que en los calores se encarga de que la tierra esté siempre fresca. Es el que abre canales de riego para alcanzar agua a sus pies; es el que remueve la tierra para estar siempre bien oxigenada y la abona para ver crecer fuertes y grandes a esos dulces frutos.

Este es el que limpió de malezas alrededor; el que alejó las alimañas y eliminó las plagas.

Se acerca a la vid. Firme, decidido, como si fuera directamente a abrazarla y decirle: -¡Buen día!- Y efectivamente, sí, la abraza. Comienza a rodear con sus brazos las ramas de la amiga; pero no se detiene allí; no está quieto, parece buscar algo…

De repente en sus manos se ve un elemento extraño. Es algo que la vid no conoce. ¿Será una estaca para afirmar su tronco? ¿Será alguna clase de soporte para las ramas más pesadas? Sea lo que sea, el viñador lo acerca a las ramas y empieza su delicada tarea.

Un corte aquí, un tajo más allá… Los pámpanos caen, la corteza se hiere, la carne blanca queda expuesta.

Dolor, queja; la savia fluye en llanto.

La vid no entiende. No alcanza a comprender semejante acto criminal. ¡Cuánta saña y malicia! ¡Cómo se dejó engañar todo este tiempo!

El sigue, y sigue…, hasta que echa un vistazo general y se detiene.

Toma su arma, junta los deshechos descuartizados y se retira.

Ella sufre. Ella sigue sufriendo.

Los días pasan. El frío retacea el alimento natural. El Sol ya no le da las fuerzas como acostumbraba. Se siente desnuda. ¿Cómo ampararse ahora? Pero la savia fluye. Su corazón bombea líquido vital que, como siempre, alcanza para recorrer todo su cuerpo. No hay signos de debilidad. La esperada anemia quedó en una idea… y temor.

Se observa. Mira detenidamente sus ramas, sus pámpanos. Ve en cada extremo unas pequeñas hojas reverdecientes, asomos de las primeras flores.

Se da cuenta que al haberse ‘achicado’ su cuerpo tiene, con menos capacidad, más fuerza para crecer. Reconoce que ya no tiene que alimentar ramas inútiles que solamente se enredaban en las tiernas molestándolas y sin dar fruto.

Siente la explosión en su interior, y de cada rama… un pámpano; de cada pámpano… un racimo; de cada racimo… fruto abundante, dulce, suave, para deleite del viñador; para dar buen aroma; para producir suaves vinos, para descansar en el fuerte mosto.

Cada pámpano que permaneció firme en su lugar, fue alimentado de la savia nueva; y dio mucho fruto.

El proceso de poda que el Señor hace con nuestras vidas se siente doloroso, hiriente, humillante y lastimoso. No entendemos. Nos cuesta recibir el corte certero de manos del Dios de amor. Nos sentimos abandonados, desnudos, engañados y rechazados.

Pero llega el día en que vemos nuestra vida extendiéndose como la vid en sus ramas. Vemos los frutos incipientes con los que comenzamos a proveer a nuestro Señor; a nuestro viñador; a nuestro labrador. Y ahora con gozo miramos como Él se deleita con lo que podemos ofrecerle, gracias a lo que Él hizo y lo que Él puso, en nuestras vidas.

Si la vid hubiera podido rechazar la mano del viñador, de seguro lo habría hecho, pero… ¿qué hubiera pasado?
No te separes de tu viñador, porque…
“…separados de Él [de mí], nada podéis hacer”

El Gobierno que nos merecemos

“…, te ruego que ores por todos los seres humanos. Pídele a Dios que los ayude; intercede en su favor, y da gracias por ellos.  Ora de ese modo por los reyes y por todos los que están en autoridad, para que podamos tener una vida pacífica y tranquila, caracterizada por la devoción a Dios y la dignidad. Esto es bueno y le agrada a Dios nuestro Salvador,…”

1 Timoteo 2:1-4 (NTV)

Durante mucho tiempo como cristianos hemos sostenido la idea de que no nos corresponde involucrarnos en política. Que somos ministros de Dios y no de los hombres y que nuestra ciudadanía está en los cielos. Que solo se nos pide orar por “quienes están en eminencia” y no preocuparnos por el asunto. Esto es cierto en cuanto a la participación activa, la militancia partidaria, pero no en cuanto a nuestra responsabilidad con nuestro país.

Como cristianos estamos obligados por la Palabra de Dios a respetar y sujetarnos ante aquellos que nos gobiernan, eso mismo nos hace responsables de quienes son estos, ya que a través de nuestra participación en las urnas ellos acceden a los cargos.

“Toda persona debe someterse a las autoridades de gobierno, pues toda autoridad proviene de Dios, y los que ocupan puestos de autoridad están allí colocados por Dios. Por lo tanto, cualquiera que se rebele contra la autoridad se rebela contra lo que Dios ha instituido, y será castigado. […] Por eso tienes que someterte a ellas, no solo para evitar el castigo, sino para mantener tu conciencia limpia.”

Romanos 13:1-2,5 (NTV)

En este punto es donde debemos tomar conciencia que no alcanza con orar por ellos; tenemos el deber de examinar a quien le entregamos nuestra confianza y el destino de los próximos años de la vida social, política, moral y económica en nuestra Nación. Alguien dijo alguna vez: “tenemos el gobierno que nos merecemos” y esto es totalmente cierto, ya que somos nosotros quienes los ponemos en ese lugar.

¿Cómo elegir? ¿A quién votar? ¿Cuál es la regla?

Todas nuestras acciones están regidas y pesadas en la Palabra de Dios. Ella misma nos advierte:

“Y ahora, mis amados hermanos, les pido algo más. Tengan cuidado con los que causan divisiones y trastornan la fe de los creyentes al enseñar cosas que van en contra de las que a ustedes se les enseñaron. Manténganse lejos de ellos. Tales personas no sirven a Cristo nuestro Señor; sirven a sus propios intereses. Con palabras suaves y halagos, engañan a la gente inocente; pero todos saben que ustedes son obedientes al Señor. Eso me llena de alegría. Quiero que sean sabios para hacer lo que está bien y sigan siendo inocentes en cuanto a toda clase de mal.”

Romanos 16:17-19 (NTV)

Al momento de elegir debemos poner en primer lugar los principios de la Palabra de Dios y no nuestros gustos o filiaciones partidarias. Los partidos políticos responden a estructuras administrativas, los hombres responden a los partidos, nosotros respondemos a Dios.

Examine a los candidatos y seleccione entre ellos:

  1. Quienes respeten los principios Bíblicos
  2. Quienes no los violen abiertamente
  3. Quienes hayan sido eficientes en sus puestos públicos
  4. Quienes tengan una vida cuya trayectoria hable bien de su persona.

No podemos aceptar y apoyar a quienes, entre otras cosas:

  1. Aprueben el aborto
  2. Apoyen la diversidad de género como opción
  3. Apoyen el matrimonio igualitario con las mismas condiciones que el matrimonio heterosexual
  4. Apoyen la despenalización de las drogas
  5. Mantengan Derechos Civiles a quienes con sus actos los han rechazado

Recuerde que la Biblia nos exhorta a poner al otro en primer lugar antes que a nosotros mismos y que es mejor dar que recibir. Por lo tanto, no elija según la conveniencia personal, sino el bienestar general.

Pidamos a Dios sabiduría. Votemos a conciencia