No recuerdo bien si fue en el primer año de la escuela secundaria o en el último de la primaria, que había una materia llamada “Higiene y puericultura” que básicamente trataba de la prevención de enfermedades por medio de la medicina preventiva, controles periódicos y métodos de higiene.
Es como el principio de “siembra y cosecha”, hay que hacer algo para obtener algo. Bueno, es un principio de la vida misma. Ya lo dijo Jesús, que si queremos que la gente nos trate de determinada manera, debemos hacerlo nosotros primero. (Mateo 7:12)
Así es la vida. Así es la vida natural, material, y así es la vida espiritual: Hay que hacer algo para algo pase.
Seguramente leíste las “bendiciones por la obediencia” y las “maldiciones por la desobediencia”. Si las leíste (Deuteronomio 28), sabés que empiezan con un condicional: “si tal esto…”, “si tal lo otro…”, “entonces esto… entonces lo otro”. Hacer para obtener, dar para recibir, sembrar para cosechar.
Dice Proverbios 2:7
“Él provee de sana sabiduría a los rectos; Es escudo a los que caminan rectamente”. Hacer para obtener, dar para recibir, sembrar para cosechar.
¿Querés que Dios sea tu escudo? Caminá rectamente.
Aparentemente todo recae en tus decisiones. Si andás derecho, Dios es tu escudo. Claro, todo recae en tus decisiones. ¡Qué difícil tomar decisiones! ¡Qué dificil tener la seguridad de que son decisiones sabias! O no. No tan difíciles.
Proverbios 2:7 empieza diciendo que “Él provee de sana sabiduría a los rectos;…” Así que, Dios te da sabiduría, eso te hace andar rectamente, y así es tu escudo, y todo por el mismo precio: escuchar a Dios.
¿Te cuesta tomar decisiones? Acercate a Dios.
¿Dudás de tus decisiones? Acercate a Dios.
¿Necesitás sabiduría para tomar decisiones? Andá rectamente.
¿Querés que Dios sea tu escudo? Andá rectamente.
¿Querés andar rectamente? Acercate a Dios
