A veces todo depende de la actitud…
Sí. Siempre digo que todo depende de una decisión. Que todo está a la distancia de una decisión. Pero tomar una decisión es cuestión de actitud.
Dice el viejo y conocido refrán (ah, cierto que vos sos muy joven y no sabés refranes) que “del dicho al hecho hay un buen trecho”; que una cosa es decir y otra muy diferente es hacer.
Ahí está jugando “la actitud”.
La “actitud” es la forma en que te parás delante de las situaciones que vivís. En realidad, lo correcto sería referirse al “tipo” de actitud que tomes: podés tener, tomar o mostrar una actitud positiva o ganadora, pero también una negativa o perdedora.
Y digo “tener, tomar o mostrar”, porque realmente no importa qué temperamento o personalidad tengas, sino las decisiones que tomás.
¡Y volvemos a las decisiones!
Y sí… es imposible separar actitud de decisión. Sería casi como querer separar alma y espíritu, que, si bien son dos entes individuales, es imposible separar uno del otro.
Cuando tenés, cuando tomás, cuando mostrás una actitud decidida, firme y determinada… ¡sos invencible! (Aunque te estés muriendo de miedo).
¿No dicen acaso que “como te ven, te tratan”? Sí. Tu actitud es la llave que abre las puertas de tus metas y del cumplimiento de las promesas de Dios sobre tu vida.
Hubo una mujer que recibió herencia de su padre y emprendió su propio camino. Había recibido buenas tierras para habitar, pero esas tierras no tenían canales de riego. En esa época, tierras sin agua era casi lo mismo que nada… y entonces se animó:
“…Quiero pedirte un favor —[le dijo al padre]—. Ya que me diste tierras en el desierto del Négueb, dame también manantiales.” (Josué 15:19a)
¡Y a que no sabés qué pasó!
“Y él le dio los manantiales de arriba y los de abajo.” (Josué 15:19b)
¡Encima le dio más de lo que esperaba y más de lo que pidió!
A veces todo es una cuestión de actitud. De animarte, de no mirar las limitaciones sino las posibilidades; de callar la ansiedad y las palpitaciones y, como Moisés, poner la mirada en lo que podés alcanzar.
Después de todo… ¿no dicen también que “el ‘no’, ya lo tenés”?
Las cosas pueden cambiar. Tus circunstancias pueden cambiar. Lo que parece imposible de alcanzar u obtener está a la distancia de una decisión y una actitud firme y determinada.
Dijo Jesús: “Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios.” (Lucas 18:27)
Ese Dios que “…es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o pensamos, según el poder que actúa en nosotros,…” (Efesios 3:20)
“…en nosotros…” o sea… ¡en vos!
