Enemigos

A lo largo de las épocas y tradiciones, el concepto de las “últimas palabras” de una persona en su lecho de muerte ha cobrado cierta importancia, o por lo menos, relevancia.

No sé realmente si esas palabras son tan importantes e incluso dudo de que las frases conocidas de algunos personajes célebres sean reales. ¿Es verdad que el sargento Bautista Cabral dijo “muero contento, hemos batido al enemigo”? ¿Quién lo escuchó? ¿Quién estuvo tomando nota?

En otros casos incluso, tal vez bajo efecto de sedantes o drogas fuertes, ¿serán conscientes de lo que dicen? ¿Son para tener en cuenta esas palabras?

Pero a veces sí son importantes y trascendentes. Un rey consciente de su condición, dando instrucciones a su sucesor (Ej., David con Salomón); un padre a un hijo sobre cuestiones económicas o familiares; un político u opositor al gobierno de turno a punto de ser ejecutado; un hombre común y corriente llamado por Dios para hacer su voluntad, dando por terminado ese capítulo de su vida.

Así nos encontramos a Pablo. Ya al filo de la tumba escribe: “Yo estoy ya a punto de ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.” (2 Timoteo 4:6-7), justo después de decirle a Timoteo cómo tenía que manejarse en su ministerio…

O las palabras de Josué, en las que me quiero detener.

Josué ya era un anciano. Tenía 110 años y estaba ya listo para la sepultura. Dejó un largo testamento de reflexiones e instrucciones y, sobre todo, algunos puntos a tener en cuenta por ese pueblo rebelde que él llevó a la tierra prometida. Quería que no se olvidaran de que Dios los había sostenido y que todo lo que tenían provenía de su mano (23:3). Que recuerden que fue Dios quien los hizo victoriosos ante sus enemigos (23:4-5). Que pongan en primer lugar, y casi como un requisito sagrado, el cumplimiento de la palabra de Dios y su ley (23:6). Que guarden su linaje e identidad, sin mezclarse con otras naciones, las que los iban a desviar de Dios y de la herencia (23:7).

Y en 24:11 dice algo que Pablo también le dijo a Timoteo y es una constante en sus cartas: “Tengan, pues, cuidado de ustedes mismos,… y amen al Señor su Dios.”

El Dios que pudo librarlos de sus enemigos… ¿no podía con ellos mismos?
El Dios que detuvo a los gigantes y a los ejércitos de las naciones… ¿no tenía poder contra los israelitas?

Se ha dicho y enseñado muchas veces: nuestro principal enemigo no es el diablo ni sus demonios… sino nosotros mismos.

Pablo conocía esto en carne propia. Él luchaba contra su vieja naturaleza que no quería ceder el control. “¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” —decía—; “el bien que quiero hacer no hago y el mal que no quiero, eso hago” —agregó— (Romanos 7:24, 19), dejando en evidencia el poder de la mente, los pensamientos y las consecuencias de no sujetar “la carne” a la voluntad de Dios.

En Romanos 12 lo repite: “¡No se amolden al mundo actual! ¡Dejen que Dios los transforme al cambiarles su manera de pensar!” (Romanos 12:2); “Renuévense en el espíritu de su mente” (Efesios 4:23), y otras cosas más.

“¡Tengan cuidado de ustedes mismos!”

A Timoteo le agregó “y de la doctrina” (1 Timoteo 4:16). No solamente cuidá tus pensamientos y acciones, sino también qué enseñás. No sea cosa que tu predicación sea alterada por tus propios razonamientos o manera de ver al mundo.

Cuidarse de uno mismo es cuidar los pensamientos, las acciones, las decisiones, los hábitos a desarrollar. Es cuidar el camino por el cual andás… es “examinar la senda de tus pies” (Proverbios 4:26).

Cuidarse de uno mismo es evitar aquello que… sabés… que te hará retroceder. Es también no probar (no tentar) cosas desconocidas para experimentar “qué se siente”. Es, como David, pedirle a Dios que examine tu comportamiento (Salmo 139:23-24).

Cuidarse de uno mismo es permanecer firme “reconociendo a Dios en tus caminos” (Proverbios 3:6), para no desviarte.

Tengo que volver a un lugar común. Tengo un poco de miedo de que, habiéndolo dicho tantas veces, ya lo dejes pasar, o no le prestes atención, o te parezca “figurita repetida” de un cargoso que “repite como loro” frases viejas y gastadas. Pero tengo que entrar otra vez ahí:

Cuidá lo que mirás
Cuidá con quién estás
Cuidá con quién te relacionás
Cuidá lo que consume tu mente

Chequeá diariamente tu meta y tu dirección… para saber si los pasos que estás dando te están llevando al lugar al que querés o debés llegar…

Y si notás que te estás corriendo… que no estás siguiendo el camino correcto…: “Poné tu mirada en el Señor” (Hebreos 12:2), “tus ojos miren lo recto y lo que está frente a vos” (Proverbios 4:25).

Dejar un comentario