En la última emisión de “Sin Filtro”, el streaming que hacemos los martes, hablamos acerca de la educación de los hijos y el rol de la familia en su formación.
Estoy totalmente convencido, y la Biblia y la experiencia me avalan, que la formación moral, social, mental y emocional del niño… el futuro adulto… se da en el corazón de la familia.
En el programa surgió una conversación sobre la “generación de cristal”. Tras un aporte y pregunta de una joven de 20 años, nos pusimos a reflexionar sobre eso, llegando a la conclusión de que la generación de cristal es la consecuencia natural de padres que se corrieron de su función o que también fueron “mal formados”.
¿Cómo nace? ¿Cómo se forma esta generación llamada “de cristal”?
¿Por qué ese nombre?
El proceso natural de aprendizaje en “todos” los seres vivos es el de “prueba y error”.
Un bebé toca una superficie caliente y aprende que eso “quema”.
Así es con todas las cosas, incluyendo las relaciones personales y, aun, como hablamos anoche, en el liderazgo.
“Probás” métodos y estrategias, y “aprendés” cuál funciona y cuál no.
Prueba y error…
¿Qué pasaría si a ese bebé le impedís “tantear” (probar) para evitar que se queme? No va a aprender y, cuando se queme, no va a entender y se va a traumar… por no entender qué le pasó.
Si bien esto último es exagerado, es para mostrarte, por absurdo, cómo funcionan las cosas.
Cuando pasa eso… ahí nació la generación de cristal: mentalidades emocionalmente débiles, frágiles y quebradizas, que se rompen ante el primer conflicto, crisis, fracaso, decepción o engaño; que no aceptan, no toleran, una crítica, un desacuerdo, un pensamiento opuesto… y todo ofende, lastima, hiere.
Pero las pruebas, los problemas, las situaciones que nos rodean, son para nuestro entrenamiento para la vida.
Así hizo Dios con Israel. Estos eran bastante inmaduros. Eran hombres adultos y rudos, pero eran niños en su manera de actuar. Necesitaban ser enseñados. Necesitaban aprender. Y Dios, como buen papá… les enseñó:
“Estos son los pueblos que el Señor dejó en la región para poner a prueba a los israelitas que aún no habían nacido cuando se luchó por conquistar Canaán.
El Señor los dejó para que aprendieran a pelear los que nunca habían estado en el campo de batalla.” (Jueces 3:1-2)
Aprendemos por medio de las pruebas. Somos entrenados por ellas mismas. Salomón dice que en el trato con los demás somos pulidos (Proverbios 27:17). Son el camino al crecimiento, al desarrollo, al fortalecimiento.
Dios no quiere librarte de ellas. Jesús nunca dijo que las evitaras. Es más, Él dijo que: “en el mundo tendrás aflicción…” (Juan 16:33). Pero en todos los casos, y este mismo no es la excepción, dice que “estaré con ustedes”.
No le escapes a las pruebas.
No evites ser probado.
¡No les tengas miedo!
Son también el camino a la promoción y, como si fuera poco… el aplauso del Señor:
“…Entonces su fe, al permanecer firme en tantas pruebas, les traerá mucha alabanza, gloria y honra en el día que Jesucristo sea revelado a todo el mundo.” (1 Pedro 1:7)
¿Estás bajo presión? ¿Estás siendo probado? ¿Estás pasando por pruebas?
¡No seas cristalito!
Permitite ser formado por Dios…
