Selectivos

¿Por qué juzgamos según lo que vemos? Es una pregunta obvia, con respuesta obvia, pero… ¿por qué “calificamos” según lo que vemos?

La ropa que lleva, el aspecto general, cómo se sienta, cómo se para, cómo habla… es suficiente para calificar o descalificar a una persona, cuando, siendo totalmente realistas, tu aspecto no habilita ni inhabilita tu función.

Es cierto que la imagen cuenta. Cuando estamos en una posición ministerial y “a la vista de los demás” tenemos que cuidar nuestro aspecto. Bien vestidos, buena higiene, buena postura.
No es lo mismo hablar con medias palabras, quitando o agregando “eses”, ser grosero o chabacano, que hablar con propiedad, entendimiento y un buen léxico. Eso valoriza el mensaje para que sea recibido. Pero…

¿Quién dice quién está bien vestido o no?
¿Quién determina cuál es la postura y aspecto correctos?
¿A qué estructura tengo que atarme?

Hoy no pasa, pero en mis comienzos ministeriales, un predicador con tatuajes, piercings o aros quedaba totalmente descalificado. No aceptabas sus palabras, aunque estas fueran buenas, solo por su aspecto.

Todavía hay un poco de resistencia con los tatuajes, pero cada vez menos. Así como ahora se “acepta” que el predicador no use corbata (no uso). ¡La corbata no suma ni resta al mensaje!

O tu lugar de procedencia. Si vivís en un barrio marginal no te miran de la misma manera que en un edificio de lujo.

Así hicieron con Jesús. Él vivía en Nazaret. No había nacido ahí, pero muchos pensaban que sí. Era conocido como “el nazareno” precisamente por ese lugar de procedencia. Un lugar que… no era muy importante o lujoso.

Era una aldea pequeña y poco relevante. Se calcula que vivirían allí unas 300 personas tal vez, unas 20 o 30 familias. No aparece en registros importantes. Era un pequeño pueblito al pasar.

Pero de allí venía Jesús, y si bien desde nuestra óptica de hoy eso solo alcanzaría para elevar el estatus de la ciudad, para ellos todo lo contrario: lo descalificaba a él.

“Dijo Natanael: —¿Acaso de Nazaret puede salir algo bueno? Felipe le contestó: —Ven y compruébalo.” (Juan 1:46)

Alguien que vivía esperando la venida del Mesías lo rechazó antes de escucharlo, solo por vivir donde vivía.

Nazaret no calificaba.
Jesús tampoco, según sus estándares.
Y sin embargo… era Dios hablando…

No juzgues por lo que tus ojos te muestran.
No prejuzgues por apariencia u origen.
No descalifiques lo que puede ser de bendición para vos.

Podés estar pidiendo que Dios te hable…
y al mismo tiempo estar rechazando la manera en la que Él eligió hacerlo.

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