Si el cristianismo fuera una serie de reglas y mandamientos a cumplir… ¿para qué vino Jesús a morir?
Algunos creen que Jesús vino a “completar” el judaísmo, a perfeccionarlo; pero si así fuera… ¿por qué diría Jesús tantas veces: “oíste que fue dicho… pero yo les digo…”?
No. El cristianismo es transgresor y transversal. Es una forma de vida que nace a partir de la fabulosa experiencia de conocer a Jesús y permitirle entrar en nuestro corazón.
Me gusta decir que el evangelio es “una experiencia sobrenatural transformadora que nos coloca en una nueva y superior posición espiritual”.
No. Ser cristiano, ser seguidor de Jesús, no es cumplir una serie de normas, reglamentos y tradiciones; no es hacer rituales y oraciones de memoria, sino “convertirnos” en una persona nueva, una nueva creación… un “nacido de nuevo”.
No. No alcanza con cumplir requisitos, así como tampoco alcanza solo con tener fe.
No me condenes. No digo que la fe no sirva ni que sea insuficiente para ser salvo; pero sí es insuficiente para tener una vida cristiana victoriosa y en plenitud.
Lo hablamos anoche: es necesario “esforzarse por añadir”… “a la fe, virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, afecto fraternal; al afecto fraternal… amor” (2 Pedro 1:5-8).
Pero a veces pretendemos “conformar” a Dios (y a nuestra conciencia) solo con tener “prácticas cristianas”; nos mentimos creyéndonos cristianos (seguidores de Cristo), cuando apenas somos evangélicos (seguidores de una religión).
Eso mismo hizo Micaías, ese tenebroso personaje de Jueces 17. Se hizo una religión a su manera. En cierta manera fue víctima del desorden espiritual de Israel, pero eso no justifica su propio desvío.
¿Qué hizo? Se construyó un ídolo, contrató un sacerdote (bueno… él lo nombró sacerdote) y se quedó tranquilo “haciendo las cosas bien con Dios”.
“Entonces Micaías pensó que tenía aseguradas las bendiciones de Dios, pues tenía un levita como sacerdote.” (Jueces 17:13)
Pero no le sirvió de mucho. Fue atacado, estafado, y su “sacerdote” fue reasignado: por una mejor paga se fue a “sacerdotizar” a otros y a otro pueblo.
Las cosas de Dios deben ser hechas a la manera de Dios; y la manera de Dios no es hacernos un Dios a nuestra manera.
No sirve edificarte un Dios exigente de requisitos y obediencia…
Y tampoco sirve construirte un Dios de libertinaje y permisivas ambigüedades.
Hace muchos años alguien me dijo: “aprendé a hacer la plancha en Cristo”. Relajarte, confiar y dejarte ser guiado por Él.
Ya lo dijo Salomón: “Confía en el Señor con todo tu corazón; no dependas de tu propio entendimiento. Busca su voluntad en todo lo que hagas, y Él te mostrará cuál camino tomar.” (Proverbios 3:5-6)
