Caos y desenfreno

No sé si va a terminar siendo una reflexión devocional o un taller de liderazgo. Pero una cosa sí sé: las dos cosas se aplican a todo cristiano en general.

El ser humano es un ser social y, dentro del esquema social, estamos creados para funcionar en estructuras.

La naturaleza misma funciona en estructuras y sistemas. Es un principio de la física que se ve reflejado en la astronomía y la biología: el mismo esquema que representa al sistema solar es el que se ve dentro del núcleo de un átomo. Más allá de que esto muestra que hay una única mente creadora, nos confronta a entender que fuimos pensados por Dios para vivir y relacionarnos en comunidad.

Toda comunidad, toda estructura social, necesita un esquema de funcionamiento. Ya lo analizó y enseñó Rousseau al escribir su ensayo sobre “El contrato social”, el mismo que sirvió de base para la Revolución francesa y el desarrollo de las constituciones occidentales, incluso la nuestra.

Por este mismo contrato social, las constituciones derivadas, la legislación argentina y la Biblia prevén sistemas de corrección cuando no se estén respetando los derechos y libertades personales, o cuando sean violentadas en cualquier aspecto (delitos).

¿A dónde voy con esto? No, no quiero hacer un tratado jurídico ni mucho menos. No tengo ninguna autoridad ni conocimiento para hacerlo, pero sí para levantar la bandera de que “los seres humanos necesitamos estar bajo autoridad”.

Romanos 13 resalta el hecho de que la autoridad humana fue puesta por Dios y que quien no la respeta está violando lo que Dios determinó. Por eso, por muy rebeldes por naturaleza que nos guste ser… debemos respetar esas autoridades y sujetarnos a ellas.

¿Y si no? Y si no… bienvenidos al caos. Es notorio y sabido que “donde no hay dirección el pueblo se desenfrena” (Proverbios 29:18); así como que “no puede haber dos gallos en un gallinero”. El liderazgo es el sistema impuesto por Dios para el funcionamiento de la sociedad a gran o pequeña escala, y estar en contra de eso es estar en contra de los principios espirituales y bíblicos.

Sí. El movimiento anarquista tiene sus bases fuera de la palabra de Dios. No podés ser cristiano y anarquista.
Sí. El socialismo radicalizado se opone a los principios bíblicos. Todos somos iguales delante de Dios, pero no entre nosotros, y entre nosotros unos están sobre otros y estos debajo de aquellos.

Repito. Cuando no se respeta esto… bienvenidos al caos.

Jueces es un ejemplo claro de la falta de liderazgo. En los primeros capítulos vimos hombres que guiaron con seguridad a su pueblo, pero a medida que pasaron los años se fueron diluyendo de tal manera que el libro termina diciendo:

“En aquella época aún no había rey en Israel, y cada cual hacía lo que le daba la gana.” (Jueces 21:25)

¡”…lo que le daba la gana”! ¿Ves? ¡Caos!

Es clave respetar la autoridad, así como es clave saber reconocerla. Cuando esta no es notoria o cuando son muchos los que al mismo tiempo quieren ejercerla, al caos le sumamos conflicto y (esperemos que no) destrucción.

“Donde todos mandan, nadie manda”, dice un viejo lema, y se ve reflejado en los liderazgos pasivos. Como nadie toma el lugar que le corresponde, todos hacen lo que quieren, y cuando todos hacen lo que quieren… ¿leíste las aberraciones de Jueces?

No hay peor liderazgo que el que no quiere tomar su lugar, así como no hay peor sociedad que la que no reconoce a su líder.
(Hasta ahora parece taller de liderazgo)

Eso no nos pasa a nosotros. Todos somos conscientes de quién es nuestra autoridad y bajo quién estamos. Sabemos a dónde acudir y en quién esperar. Porque, en definitiva, aquel debajo del cual nos colocamos es el que determina nuestra visión y futuro, y la ideología, filosofía o visión que aceptamos es la que define nuestro comportamiento.

Así que no ignoramos a quién acudir.

No como aquella mujer. Ella no sabía. Vivía en confusión. Sus vecinos, lo mismo… los discípulos de Jesús, más o menos. Estos estaban un poco mejor alineados, pero… cada tanto también se les cambiaba la brújula y no sabían qué hacer.

“¡Si supieras!”, le dijo Jesús.
Obviamente, si Jesús dijo eso es porque ella no sabía.

“Si supieras lo que Dios da y quién es el que te está pidiendo agua, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva.” (Juan 4:10)

Si ella hubiera sabido, habría actuado distinto.
Si hubiera sabido, habría pedido.
Si hubiera sabido, habría recibido…
Pero se ve que no sabía…

Necesitamos saber a dónde y a quién acudir.
Necesitamos saber qué cosas podemos pedir y recibir de Dios.
Necesitamos saber si Él y esas cosas están a nuestro alcance.

Necesitamos ocupar el lugar que se nos dio.
Necesitamos movernos en el llamado y visión.
Necesitamos responder al llamado de Dios.

Tal vez no seas líder. Pero en algún área, algo está bajo tu responsabilidad.
Tal vez no seas líder. Pero algo está bajo tu control.
Tal vez sí lo sos. No abandones tu posición y tu llamado.
Tal vez sí lo sos. Hay más de uno que descansa y espera en vos.

¿Qué ves a tu alrededor?
Donde no hay dirección… hay desenfreno.
Donde no hay liderazgo… hay caos.

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