No querido. No. No sos vos mejor que diez hijos para tu mujer…
¡Qué arrogancia! Me encantaría hacer un chiste con el juego de palabras sobre la soberbia “de Elcana”… pero no quiero desviarme del tema.
¡Un total desubicado! ¿Cómo podés creerte mejor o superior que algo o alguien?
Seguramente Elcana era un buen esposo. La Biblia nos cuenta que él tenía preferencia por Ana y que por esta razón la trataba en forma especial, mejor de cómo trataba a su otra esposa.
Seguramente, en este mismo contexto, Ana viviría como una reina e incluso, tal vez, tendría menos responsabilidades que Penina. ¿Pero esto te pone en posición de deuda? Ser agradecido por las bendiciones recibidas, ¿te anula emocional e intelectualmente?
Elcana no tenía ningún derecho a reclamar cierto comportamiento solo por el hecho de “ser un buen hombre y buen esposo”. Las cosas las hacemos por lo que somos, no solamente para recibir algo a cambio, y si hacés las cosas solo por lo que vas a recibir, tu motivación no es la correcta.
Es muy común este tipo de situaciones en la interna de las parejas. Cambio porque me lo exigís, y entonces te exijo que valores ese cambio… ¡No! Cambiá porque debés cambiar, no para quedar bien con alguien o para que otro te acepte. Cambiá si es lo correcto y porque es lo correcto. Cambiá por vos, no por los demás…
Pero además de eso, vemos dos problemas en la actitud de Elcana:
“Entonces le decía Elcaná, su marido: «Ana, ¿por qué lloras? ¿Por qué estás triste y no comes? ¿Acaso no soy para ti mejor que diez hijos?»” (1 Samuel 1:8)
Primeramente, no tenía empatía. Su esposa estaba angustiada. Vivía una crisis interna por su esterilidad. Eso la hacía sentirse incompleta y menos mujer. En vez de brindarle contención, le puso más carga y exigencia.
En segundo lugar, y no menos importante, Elcana no tenía en cuenta que no somos todos iguales, sino que cada uno de nosotros es una persona individual, con nuestras propias emociones y crisis, nuestras propias luchas internas, nuestras propias angustias y una forma muy personal de manejarlas y resolverlas.
No somos todos iguales, sino que Dios nos hizo a cada uno único y especial. Ser único no te hace mejor o superior al otro, te hace distinto y con eso es más que suficiente para que vos entiendas que el otro no es igual a vos y el otro entienda que vos no sos igual a él.
Pero Elcana no entendía. Su mundo era su visión de las cosas. El mundo funciona según su manera de verlas y su lente era la única válida. Pero así como Dios nos puso unas huellas digitales irrepetibles y una retina única y exclusiva, así somos distintos de los demás.
Nos agrupamos socialmente según algunos puntos en común. Prefiero estar con el que tenga mis mismos ideales aunque no compartamos los mismos gustos. No me siento cómodo con algunas personas que tienen pensamientos muy dispares, pero aun así podemos relacionarnos.
Pero aun en aquellos casos (raros) en los que podemos estar de acuerdo en todo… no somos iguales, no somos lo mismo, somos diferentes.
Te gustan distintas cosas. Pensás de manera diferente. Tenés otras prioridades y, tal vez, distintas metas. Por muy tuyas que sean estas cosas, son las que Dios puso en tu ser y no tenés por qué ser lo que otros pretendan o esperan de vos.
¡Elcana no entendía que a su esposa le importaran cosas distintas a las suyas!
Así como vos a veces no entendés que otros tengan otros valores o prioridades.
Así como muchas veces otros no entiendan que vos tenés el corazón en tesoros diferentes.
No tenés que cambiar al otro.
Así como el otro tampoco tiene que pretender cambiarte a vos.
Debemos aceptarnos unos a otros con nuestras diferencias; no creer que unas son más importantes y otras no lo valen, sino que todas tienen el mismo valor, para aquel que las atesora.
No somos más maduros porque no nos afecten las mismas cosas.
Ni más espirituales porque nuestras prioridades sean distintas.
Tampoco somos más fuertes porque atravesemos las crisis de manera diferente.
Ni más débiles porque no actuamos como los demás.
Que algo no sea importante para vos no significa que no tenga valor para otro.
Y que para vos sea importante no significa que deba ser importante para aquel.
Que vos puedas soportar algo no significa que otro pueda hacerlo igual.
Y que no lo puedas soportar, no te hace menos fuerte.
Dios no hizo personas en serie.
Dios te hizo individual, a su imagen y semejanza, para que uses quién sos para hacer su voluntad.
