Los cinco sentidos que normalmente tenemos los humanos son los que nos conectan con el mundo que nos rodea, nos permiten interactuar con él y son, desde los primeros días de vida, nuestra principal fuente de información, formación y educación.
Pero el correr de los años y la vida misma nos va enseñando que no todo es como se ve, como se siente, como se escucha, como huele o como sabe; que aunque te quieran convencer de lo contrario, la vida tiene matices…
Nos aferramos a lo que escuchamos, ignorando que pudimos haber escuchado fuera de contexto.
Nos agarramos de lo que vemos, sin permitirnos entender que hay más de un punto de vista y que hasta un triángulo equilátero, de tres lados iguales, tiene tres lados que te dan una perspectiva distinta de su misma igualdad.
Lo mismo podría decirte acerca del gusto, el tacto y el olfato. Todo tiene “sus bemoles”, todo tiene sus matices.
Etiquetamos en base a lo que vemos. Juzgamos y calificamos según lo que entendemos. Tomamos decisiones basadas en juicios que hacemos previamente (prejuicios) sobre lo que se nos pone por delante.
No somos racistas, pero…
No somos xenófobos, pero…
No somos clasistas, pero…
No somos elitistas, pero…
¿No te das cuenta de que, por encasillar según tu análisis o criterio, podés perder lo que “la vida” tiene para ofrecerte?
¿Nunca te dijo tu mamá: “No digas que no te gusta si no lo probás”?
¿Qué hubiera pasado con Pedro si se mantenía en su postura con los animales del lienzo? (Hechos 10:9-16)
¿Qué hubiera pasado si Pablo rechazaba al “Dios no conocido”?
(Hechos 17:22-23)
Pablo era entendido en esto y por eso explicaba: “Porque por fe andamos, no por vista” (2 Corintios 5:7); sabiendo que “es, pues, la fe…, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1).
No nos limitemos a nuestros sentidos y, por el contrario, ejercitemos los sentidos espirituales.
Cuando Felipe le llevó ese chico a Jesús, un poco para burlarse y otro poco irónicamente, le dijo:
“Aquí hay un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos?” (Juan 6:9)
Ignorando que esa pequeña porción, en manos de un chico insignificante, se convertiría, en manos de Jesús, en la provisión para más de cinco mil personas…
Es bueno ser observador.
Hay que prestar atención a los detalles.
Siempre es mejor hacer una inspección ocular de las cosas…
Pero no te cierres a las alternativas.
No rechaces otras opciones.
No limites lo que Dios pueda hacer.
