En Juan 6 Jesús se puso “picante”. Dijo cosas que para la audiencia de la época eran totalmente aberrantes. Insisto en que Jesús fue un gran maestro de la ironía y, junto con eso, un gran provocador. Le gustaba mojarle la oreja a la gente (fariseos y religiosos) para “hacerlos saltar” y, de esa manera, que quedaran expuestos delante de la comunidad.
Hoy, por mucho menos, bajaríamos a algún predicador del púlpito por ser tan “blasfemo, irrespetuoso y de mal gusto”. Si a mí me dijeron “hijo de Satanás” por decir que no ofrendes si vas a dar lo que te parezca poco… ¡cómo no lo van a querer matar por decir que se coman su carne! (Juan 6:53–56)
Esto es para aquellos que dicen —y me dicen— que no se debe actuar de esa manera. ¿No dicen acaso los mismos que debemos pensar o preguntar qué hubiera hecho Jesús? Bueno… ahí tenés lo que hubiera hecho Jesús. Al menos yo todavía no llegué a decirle a ninguno “generación de víboras” (Mateo 12:34; Mateo 23:33).
Pero, de todas esas provocaciones, me quedo hoy con una que me conecta con mi prédica del sábado: “Es necesario nacer de nuevo”. El nuevo nacimiento es vital para la vida espiritual y es la clave que da inicio a la transformación en un cristiano “espiritual”.
Nacer de nuevo es el paso indispensable para la vida en el reino de los cielos y, obviamente, para alcanzar la eternidad y la salvación de la condenación.
Pero “nacer de nuevo” es algo que, dependiendo totalmente de mi decisión… no depende de mi decisión sino que, como dijo Jesús: “no es voluntad de carne, sangre o varón, sino de Dios” (Juan 1:13).
Nacer de nuevo es algo que depende totalmente de Dios, aunque, una vez que Dios “decide”, depende de mí aceptar o no esa condición y empezar a trabajar en su proceso y desarrollo. El mismo texto de Juan dice que “a los que lo recibieron (mi decisión de recibirlo es determinante), les dio el derecho (o potestad) de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12).
Por lo tanto, yo decido recibirlo y, a partir de ahí, decido “ser hecho”.
Te tengo una mala noticia: no sos hijo de Dios cuando recibís a Jesús en tu corazón, según tooooda la tradición evangélica; sino cuando empezás a trabajar en tu vida, una vez de haberlo recibido, para que “Cristo sea formado” en vos (Gálatas 4:19).
Todo depende de Dios.
Llegar a Él depende de Él.
Ser transformado depende de Dios.
Pero, en todo… para todo… todo depende de mi decisión.
Pero hay un detalle muy cierto e importante: no tengo excusas en base a mi capacidad o condiciones (hablamos de esto ayer), porque Él (Dios) ya me habilitó para estar en carrera. O sea, si interpongo alguna razón según mi criterio, no es porque no tenga las condiciones o capacidad para hacerlo. ¿Te acordás? “El solo hecho de que Dios te llame demuestra que tenés las condiciones y la capacidad para eso para lo que Dios te llamó”.
(Me parece que esto me está saliendo más en formato de “ensayo” que reflexión o devocional… pero así estamos).
En Juan 6:44 dice: “Nadie puede venir a mí, si no lo trae el Padre, que me ha enviado…”
No llegaste por tus propios medios.
No lo buscaste por tu propio deseo.
No tuviste iniciativa en conocer a Dios.
No fue tu fe o tu razón lo que te acercó a Jesús…
Fue Dios el que te llamó y el que te acercó a la cruz.
Pero, al mismo tiempo… si estás, si llegaste, si te acercaste, si lo conociste, si lo buscaste, si te interesaste, si estás caminando, si estás queriendo crecer, si querés conocer un poco más, si querés más de Dios…
No fue cosa tuya. Dios lo puso en vos…
Así como no tenés excusas, tampoco tenés trabas o impedimentos. El mismo que pone el querer es el que pone el hacer (Filipenses 2:13). ¡Otra vez! Otro texto más: es Él el que te puso las ganas y es Él el que va a hacer que eso suceda… cuando tomes la decisión de dar el primer paso, y después el segundo, y después el tercero… así hasta que llegues a la meta, al lugar y propósito que Dios tiene para vos.
Tal vez sentiste que esto no era para vos.
Tal vez te hicieron creer que no estás preparado.
Tal vez prestás más atención a lo que te falta que a lo que tenés.
Tal vez le creíste al que te dijo que no tenés condiciones.
Pero no podés haber llegado si Dios no te hubiera traído y…
Si Dios te trajo, te puso, te predestinó y te llamó… es porque Él sabe lo que puso en vos y sabe de lo que sos capaz.
¿Qué te limita?
¿Cuál es tu impedimento?
¿Qué excusa vas a poner hoy?
Si Dios te trajo, ya está todo hecho.
Si Dios te trajo, solo falta tu decisión.
Si Dios te trajo, Él no mira tu condición.
Si Dios te trajo… Él sigue mirando tu posición y tu disposición.
