Justo anoche mencioné esto: “Dios se mueve de acuerdo a una estructura que Él mismo estableció.”
Las estructuras son el esqueleto que sostiene y da forma al “cuerpo”, que es el mundo espiritual y natural.
Dios se mueve según esos principios, pero su forma y aplicación también tienen su propio esquema, que no depende de tu criterio ni es como vos pensás, sino como Dios.
Decía que estas estructuras funcionan como los milagros. Si tengo que definir “milagro” desde una óptica natural, es la violación de un principio físico: un milagro rompe las leyes naturales y físicas solamente por la voluntad de Dios, el mismo que dictó esas leyes naturales y físicas. Por lo tanto, hablando del obrar de Dios y su estructura: el mismo que la crea tiene la capacidad de imponer su sistema de funcionamiento, y aunque no sea el que a vos te gusta, es lo que Dios determinó hacer.
Es como la física cuántica. ¿Entendés algo de física cuántica? Yo nada. Pero conozco algunos de sus enunciados, o por lo menos teorías. Por ejemplo: “la materia puede estar en dos estados diferentes al mismo tiempo” (¿?). Algo puede ser gaseoso y sólido al mismo tiempo o, peor aún, puede estar en dos lugares distintos al mismo tiempo.
Acá ya mechamos con conceptos de ciencia ficción y multiverso (bueno, también es una teoría cuántica): no existe un solo universo sino muchos entrelazados entre sí, en distintas “dimensiones”, ocupando el mismo espacio y lugar en el mismo tiempo. Física cuántica.
¿Acaso no define eso a Dios y al evangelio?
¿Acaso no es Dios el que puede estar en distintos lugares al mismo tiempo?
¿Acaso no es Dios el que puede ser Padre, Hijo y Espíritu al mismo momento y manifestarse en todas partes en ese instante o en lugares distintos en cada una de sus manifestaciones?
¿Te estoy mareando?
Si me criticaron por decir que Dios es metafísico… ¿qué me dirán por decir que Dios es cuántico? (¡Ahora me matan!)
Pero uso todo esto que roza la ciencia, la fe y la ficción para demostrarte por qué, por ejemplo, vemos a Dios incitando a Samuel a mentir (¡ah, bue! ¡Un fariseo a la derecha, por favor!).
Saúl había colmado la paciencia de Dios. Le desobedeció y encima se justificó creyendo tener razón (1 Samuel 15:13–21). Por esta razón Dios “lo desechó” y eligió su reemplazo, David, al que obviamente ya tenía preparado (1 Samuel 15:26–28).
Dios manda a Samuel a ungir al futuro nuevo rey, pero Samuel tiene miedo de que Saúl se enoje y lo mande matar, a él, a Samuel (1 Samuel 16:1–2). Entonces Dios le dice a Samuel:
“Toma contigo una ternera de la vacada, y di: A ofrecer sacrificio a Jehová he venido” (1 Samuel 16:2).
Si también me condenaron cuando dije que Jesús se hizo el tonto (Lucas 24:28, “hizo como que iba más lejos”), ¡qué no me dirán por decir que Dios hizo mentir a Samuel!
Pero Dios… hizo mentir a Samuel.
A ver: ¿presentó el sacrificio? Sí. Entonces no mintió.
¿Iba a presentar un sacrificio? No. Esa fue la excusa. Iba a ungir a David.
Entonces… sí, mintió.
Dios usa estructuras cuánticas. Ya lo dijo Isaías: “Jehová se levantará… para hacer su obra, su extraña obra” (Isaías 28:21).
Ya vimos a Jesús resolver el impuesto del templo de una manera totalmente fuera de lógica humana (Mateo 17:24–27), y a Pablo elogiar a unos paganos idólatras diciendo: “en todo observo que son ustedes muy religiosos” (Hechos 17:22), todo para que la voluntad de Dios se cumpla y el evangelio sea predicado.
Por esta razón también, en este tiempo, Dios les sigue diciendo a los que reclaman respetar el día de reposo (tomo un ejemplo simbólico) que “el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo” (Marcos 2:28).
Y hasta el mismo Jesús violó los estatutos del judaísmo al dar testimonio de sí mismo (Juan 8:13–18).
Por todo lo dicho y lo no dicho aún. Visto y considerando que Dios se mueve a su manera y no a la tuya. Habiendo comprendido que Dios maneja los tiempos y señales, altera los vientos y los mares, y hace que “un día sea como mil años y mil años como un día” (Marcos 4:39; Salmo 107:29; 2 Pedro 3:8)…
No limites a Dios a una estructura mediocre de razonamiento humano.
Fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, por lo tanto nos “parecemos” a la esencia y apariencia de Dios. Pero nosotros a Él, no Él a nosotros.
No encasilles ni etiquetes a Dios en la forma en que vos pretendés que debería actuar, sino dejalo actuar y definí una nueva pauta de comportamiento según Él y no según vos.
No esperes que Dios actúe a tu manera.
No pretendas que Dios juzgue a tu manera.
No permitas que te señalen, limiten, etiqueten o juzguen también según las formas humanas, sino según… el juicio de Dios.
Dijo el amigo Pablo: “Y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así” (2 Corintios 5:16).
Permitile a Dios que transforme tu manera de pensar por medio de la renovación de tu entendimiento, para que así puedas, de una buena vez, entender, comprender y asimilar cómo funciona y cuán buena es… la voluntad de Dios (Romanos 12:2, versión libre del autor. O sea, yo).
