“La función debe continuar”, reza el viejo adagio del mundo del espectáculo que viene de tiempos antiguos y memorables… donde ser actor no era un privilegio sino… todo lo contrario.
Tal vez estaban en medio de una comedia, o de una tragedia o drama, y de repente empezaban los insultos o les tiraban cosas. La imagen del tomatazo al escenario proviene de esa época.
También podía pasar que entrara la policía a llevarse a alguno de ellos… o a algún delincuente escondido entre la audiencia. Como sea… “la función debe continuar”.
Era un gesto de compromiso. De respeto.
Era entender que el público, su audiencia, estaba primero antes que sus propios problemas.
Era poner cada cosa en el lugar apropiado porque, si no… se quedaban sin comer.
Era, como se suele decir todavía, “deberse al público”; quienes elegían tomarse un tiempo para escuchar o ver una obra teatral.
Anoche hablé de esto en el taller que tenemos con los líderes de la iglesia: el liderazgo no tiene horarios ni días; el liderazgo “es”.
Un médico no atiende consultas mientras está cenando en un restaurante, pero ante una emergencia se levanta para asistir la necesidad.
Un policía que se encuentra de compras en un shopping de la ciudad, o paseando en sus vacaciones, no está en servicio. Pero está obligado a intervenir ante un delito “in fraganti”.
Un ministro, un líder, un pastor… ¿tiene horario para ejercer?
Solía decir que “el ministerio es trascendente”. Que ser ministro en cualquier área es más importante que tus actividades personales. Sé que no es fácil de aceptar y seguramente es muy debatible. Pero cuando fuiste llamado por Dios… ¿le vas a reclamar horarios, vacaciones y aguinaldo?
Decía en mis épocas de pastorado juvenil: “el líder es líder desde que se levanta hasta que se va a dormir”. Hace mucho no digo esa frase, pero sí sigo diciendo: “el liderazgo no tiene horario; el liderazgo es 24/7”.
Insisto, repito: podés no estar de acuerdo y está bien. No todos somos iguales ni pensamos lo mismo. Pero el liderazgo es una decisión y no una imposición, y cuando decidís tomarlo… aceptás (debés aceptar) sus requisitos.
¿Acaso no fue Jesús el que dijo: “El que ama a padre o madre más que a mí no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí no es digno de mí”? (Mateo 10:37)
¿No fue Jesús el que dijo: “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo”? (Juan 5:17)
¿No fue también Jesús el que dijo: “¡Siento en este momento una angustia terrible! ¿Y qué voy a decir? ¿Diré: ‘Padre, líbrame de esta angustia’? ¡Pero precisamente para esto he venido!”? (Juan 12:27)
Así, en la vida, hay un momento en que la función debe continuar. La vida cristiana está cimentada sobre la fe en Jesús y edificada sobre el ministerio y testimonio de Cristo; pero está sostenida por tres columnas:
- Perseverancia.
- Permanencia.
- Paciencia.
Hay un momento en que hay que hacer lo que hay que hacer.
David estaba feliz. “Tocaba el cielo con las manos”. Las luchas se habían minimizado. Los enemigos iban desapareciendo. ¡Había alcanzado el trono!
Pero la felicidad duró poco.
¿Viste cuándo parece que todo se pone en tu contra?
¿Viste cuándo llegaste a pensar que no es para vos, que nunca te va a tocar?
¿Viste cuándo te creíste el cuento de que estás “… por los perros” o que “te … un elefante”?
La gloria no podía durar. Había muerto Saúl. Su enemigo, pero su líder. Su oponente, pero su “padre espiritual”. Y lloró e hizo duelo…
Pero era rey, y había que gobernar.
“Pero ahora, cobren ustedes ánimo y valor, pues aunque ha muerto Saúl, su señor, la tribu de Judá me ha consagrado para que yo sea su rey.” (2 Samuel 2:7)
Hay un momento en el que las circunstancias son secundarias; hay un momento en el que hay que hacer lo que se debe hacer.
¡Cuántas oportunidades dejamos pasar o directamente perdemos por atarnos a circunstancias pasajeras!
¡Cuántas cosas que nos parecen tan graves en el momento terminan quedando en el olvido y solo sirvieron para hacernos retroceder!
Jesús también fue el que dijo: “Vengan a mí todos los que están trabajados y cargados, y yo los haré descansar”. (Mateo 11:28)
Hay un momento en el que hay que hacer lo que hay que hacer…
“El show debe continuar”.
