Enfoque y Visión

Hace unos días viví una experiencia casi graciosa en mi casa. Nuestro dormitorio está en planta alta y, bajando a desayunar alrededor de las 7 a. m., me encontré con que abajo estaba todo demasiado oscuro.

Era un día nublado, no había claridad del sol, pero de todos modos nuestra casa no tiene mucha iluminación natural. Por esa razón hay algunas luces tenues que están prendidas todo el día. Esa mañana esa luz no estaba prendida, pero yo no me di cuenta de eso…, sino que solo noté que estaba oscuro.

Es lo mismo, pero no es lo mismo. Soy consciente de que parece una tontería lo que estoy diciendo y parece que quiero forzar una idea o que estoy buscando “la quinta pata al gato”. Los gatos no tienen cinco patas, pero, a veces, algunas de esas tonterías te hacen reflexionar acerca de cuestiones, por ejemplo, espirituales.

Tardé unos minutos todavía en darme cuenta de que se había cortado la luz. Recién cuando quise encender la de la cocina reconocí la situación.

Soy un defensor de la idea de que tu entorno no te condiciona. Si bien sé que no es tan así, siempre digo (y creo) que tenemos la capacidad de afectar el lugar donde estamos más de lo que podemos ser afectados por él.

Pero si solo mirás la oscuridad, no te das cuenta de las circunstancias; si solo aceptás lo que pasa, no reconocés que algo falla.
Si vivís encerrado en un agujero, no ves la luz que está cerca de la entrada… (o la salida).

Todo es una cuestión de percepción, una cuestión de visión.

Seguramente estarás diciendo que, si estás en un lugar oscuro, cualquier chispa de luz se hace notar.
Pero… ¿qué pasa si solo estás atento a esa oscuridad y vos mismo le hacés sombra a “esa pequeña luz”?

Así les pasó a los discípulos de Jesús después de la cruz. No podían entender lo que había pasado y recién apenas empezaban a comprender quién era Jesús.

Se sentían perdidos. La confusión los dominaba. No sabían qué hacer… y volvieron a la pesca.

Pescaron toda la noche… y no pescaron nada… (¡Uh, qué tentación de predicar “la pesca milagrosa” o la “restauración de Pedro”!) Hasta que…

“Cuando comenzaba a amanecer, Jesús se apareció en la orilla, pero los discípulos no sabían que era él.” (Juan 21:4)

No solo es cuestión de percepción y visión; es cuestión de discernimiento, de enfoque, de determinación.

¿Cómo no reconocían a Jesús? Por estar encerrados en su angustia y en lo incomprensible de la cruz.

Sí. La angustia puede ser un velo que opaque tu visión, y tu percepción, y tu discernimiento, y tu enfoque…

Pero hoy, además, Dios también me habló en el Salmo 120:1: “Cuando estoy angustiado, llamo al Señor, y él me responde.”

Sí. Él te responde.

Pero cuando lo haga, no sigas mirando la oscuridad, ni la crisis, ni lo que falta, ni el dolor.
Cuando lo haga… solo tené la convicción de que comienza un nuevo día.
Y que el día de ayer ya pasó…

“Jesús les dijo: —Vengan a desayunar. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían que era el Señor.” (Juan 21:12)

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