Tengo problemas con las correntadas de aire. Bueno… también con la falta de ventilación… Pero las correntadas de aire hasta pueden provocarme un resfrío.
Los ambientes de nuestra casa son amplios y, a veces, una ventana o una puerta entreabierta se hace sentir aunque no esté a la vista.
La Biblia habla mucho de esas pequeñas (o grandes) aberturas. No siempre se trata de puertas, aunque la función sería casi la misma. Es popularmente conocido el dicho: “Al que aportillare vallado,…” ¿¡viste!? lo conocés… “…lo morderá la serpiente” (Eclesiastés 10:8).
¿Qué significa? Que si abrís un “portillo”, una grieta, una abertura, una pequeña puerta en un vallado o cerca, las serpientes encuentran lugar por donde meterse y… presa fácil.
En la Biblia las puertas tienen todo un contexto de autoridad. Era el lugar donde se reunían los ancianos de la ciudad a tratar cuestiones administrativas y hasta legales. Era el lugar donde se hacían importantes transacciones comerciales a la vista de todos, como testigos. Era el lugar que se abría o cerraba para dar paso o impedirlo a los extranjeros y mercaderes.
Cuando Nehemías encaró la restauración y reconstrucción de las murallas de Jerusalén (Nehemías 2–3), las puertas le servían de referencia geográfica para organizar el trabajo y el reconocimiento de los demás.
Las puertas no son solamente una o varias placas de madera o hierro, sino todo un contexto social, cultural y espiritual.
Este mismo Nehemías tuvo una experiencia negativa con las puertas. Ya habían reparado y levantado los muros y ya todo estaba en condiciones, excepto que… dice que “las puertas aún no estaban colocadas en su lugar” (Nehemías 7:1).
¿Un comentario al pasar? ¡Para nada!
Todavía faltaba un detalle importante. La obra estaba avanzada, pero seguía habiendo puntos vulnerables que los enemigos intentarían aprovechar.
Hoy mismo, en la actualidad, somos cuidadosos con las puertas de casa. ¿Saldrías de compras o a pasear dejando la puerta abierta? Y no me refiero a “sin llave”, sino… ¡abierta de par en par!
Ya que digo llave: ¿cerrarías la puerta al salir sin ponerle llave
¿Andarías tranquilo por la calle sabiendo que la dejaste abierta, que cualquiera puede entrar?
Desde la simpleza de una correntada, hasta un ladrón que aproveche la situación; tal vez solo un oportunista o hasta algún animal… pueden meterse en tu casa y traerte unos cuantos dolores de cabeza.
Alguien dijo alguna vez: “Las puertas se hicieron para estar cerradas”.
Y tenía razón…
Salomón dijo que “…el que abre demasiado la puerta busca su ruina” (Proverbios 17:19).
¿Qué puerta dejaste abierta?
¿A quién o a qué se la abriste?
¿Cuál otra no cerraste del todo o no revisaste que estuviera bien cerrada?
¿Qué ventana, qué grieta, qué abertura está dando paso a vientos de confusión?
¡O de muerte!
¿A quién encontraste en tu casa?
¿Qué te fue quitado?
¿Qué alimaña se metió?
Es tiempo de revisar aberturas y cerraduras.
Es tiempo de cerrar puertas…
De identificar las que fueron abiertas, las que dejaste abiertas, las que no cerraste, las que descuidaste.
De restaurar lo roto…
De recuperar lo perdido…
De restituir lo dañado…
Y de “reparar el altar del Señor, que estaba arruinado” (1 Reyes 18:30).
