De tiempos y cumplimientos

¿Sabías que las grandes distancias, a nivel astronómico, no se miden en millas o kilómetros sino en tiempo? Suena un poco raro. En mi mente, la primera vez que escuché esto, me parecía estar mezclando peras con manzanas… ¡¿Qué tiene que ver la hora con la distancia?!

Lo mismo me pasó, aunque en otra época, cuando leí por primera vez en una Biblia (mi vieja RV60) “camino de un día de reposo”, una expresión usada para marcar distancia, pero también… en tiempo.

Con el tiempo y el estudio aprendí que en realidad se trata de un recorrido de aproximadamente 10 cuadras (unos 900 o 1000 metros), que era lo que la ley judía permitía caminar, si había necesidad, en el día consagrado al Señor, el Shabbat (sábado).

Esa distancia había, por ejemplo, entre Jerusalén y el Monte de los Olivos: “camino de un día de reposo” (Hechos 1:12).

Volviendo al plano astronómico, un día me enteré que la estrella más cercana a nuestro sistema solar está a 4,24 años luz. Sí, pensé lo mismo… ¿y eso con qué se come?

4,24 años luz significa la distancia que recorre la luz en 4 años y casi 3 meses terrestres. Tomando en cuenta la velocidad de la luz, 4,24 años luz serían algo así como 40 billones de kilómetros. Visto al revés, eso significa que lo que vemos en esa estrella es algo que pasó hace más de 4 años, porque la luz tardó todo ese tiempo en recorrer semejante distancia surcando el espacio.

¡Uff! ¡Woow! Imposible pensarlo, imposible medirlo. Por esa razón cambiaron el sistema de medición.

Esto significa que, a esa escala y hablando de energías, algo que pasa en un determinado momento no siempre es visto en ese determinado momento. Según el lugar, la ubicación del objeto emisor y la del que está mirando, puede pasar algún tiempo hasta reconocer y manifestar algo que ya sucedió tiempo atrás.

¿Viste cuando está por largarse una tormenta o cuando ya empezó? ¿Viste cuando un relámpago cruza el cielo y recién unos segundos después escuchás el trueno (que es el ruido producido por el relámpago)?

¿Por qué sucede a destiempo? ¿Por qué primero la luz y después el estruendo?

Porque la luz viaja más rápido que el sonido. El relámpago y el trueno ocurrieron al mismo tiempo, pero los percibimos en momentos diferentes.

Algo que pasa en un determinado momento puede no ser visto hasta un tiempo después. Lo que hoy estamos viendo tal vez es el reflejo de algo que sucedió tiempo atrás. Y que no veas algo no significa que no está sucediendo, sino que puede estar ocurriendo ahora mismo.

¿Será esa la explicación de Isaías 43:18-19? ¡Apuesto a que sí!

“¡Ey! Yo hago cosa nueva. Ya está sucediendo. ¿No la ves?” (Versión libre de Isaías 43:18-19).

Dios está haciendo algo, pero no es visible aún, aunque, según otra versión, “¡ya está sucediendo!”.

O cuando Daniel oró pidiendo a Dios que intervenga para restaurar a Israel. Nada cambió, pero todo había cambiado. Tres semanas después de su oración un ángel se presenta y le dice:

“El mismo día en que hiciste tu petición, fue respondida en el cielo; pero tuve algunos retrasos a causa de la oposición.” (Daniel 10:12-13, versión libre).

Las cosas pasan inmediatamente, pero tardan en manifestarse. Un bebé es engendrado en un instante, pero tarda alrededor de 38 semanas en nacer. Una semilla germina en un momento, pero tarda horas o días en empezar a crecer.

No te detengas por no ver resultados. No dejes de sembrar. No dejes de creer.

Elías estaba en conflicto. Estaba siendo perseguido ¡por la reina! y amenazado de muerte. Se encerró en sí mismo, y se encerró en la cueva.

Una situación que lo superó. La depresión que lo ahogó. El miedo que lo paralizó…

Hasta que Dios intervino… y la “cosa nueva” fue hecha. Aunque por el momento nada cambió.

“Sal fuera”, le dijo el Señor a Elías (1 Reyes 19:11), usando una expresión muy parecida a la que siglos después escucharía Lázaro cuando Jesús lo llamó desde la tumba: “¡Lázaro, ven fuera!” (Juan 11:43).

“Sal fuera…” de la tumba o de la cueva, pero salí afuera de tu aislamiento, angustia y desesperación.

“Sal fuera” y no solo eso… “y quédate de pie ante mí, sobre la montaña” (1 Reyes 19:11).

Salí afuera y permanecé delante del Señor.

¿Que todavía todo sigue igual?

¿Que nada parece haber cambiado?

“Ya está sucediendo. ¿Acaso no lo ves?” (Isaías 43:19, versión libre).

En el momento de la decisión, en el momento del clamor, el cambio ya sucedió.

Solo falta su manifestación.

Algo que pasa en un determinado momento puede no ser visto hasta un tiempo después.

Como la luz de una estrella…

Como el relámpago…

Como Miguel enviado por Dios (Daniel 10:13).

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