“Mientras hay vida, hay esperanza”, dice el viejo dicho, sumado al mítico “todo tiene solución menos la muerte”. Pero en la práctica se convierte solo en una frase sin sustento ni credibilidad.
Creo que entra en esa línea de cosas que son lindas de decir y hasta consuelan, pero no las creemos. Como esas frases que nos obligamos a decir o tenemos que soportar escuchar en los velorios: “No entendemos cómo obra Dios”. ¿Cómo va a obrar? ¿Te va a pedir permiso?
Hay una peor: “Dios se llevó la rosa más preciosa para que adorne su jardín”. ¡Paraaaa! ¿A quién consuela eso? ¡Qué Dios psicópata!
O cuando esperamos, necesitamos o buscamos que alguien nos diga: “Todo va a estar bien”. ¿Qué sabe? ¿Cómo sabe que todo va a estar bien? ¿De verdad lo cree?
Pero, a pesar de eso, escucharlo nos hace bien.
En medio de todo eso, muchas veces pensamos con la razón y los pies en la tierra y nos damos cuenta de que hay cosas que no tienen retorno. Vemos conflictos desencadenados o crisis en su máxima expresión y solo esperamos el desenlace, como cuando ves una película donde hay un terremoto y esperás el momento en que el edificio se cae.
Como la frase, también viejo dicho, que dice: “El árbol cae para el lado que se inclina”. Si te estás inclinando hacia la derecha… ¿te vas a caer para la izquierda? (¡No, por favor!)
Hay cosas que sabemos que no tienen solución y nos conformamos con palabras bonitas que funcionan de analgésico para tolerar los malos tragos hasta que el duelo pase.
Pero… (qué bueno que con Dios siempre hay un pero…) en Dios las cosas no son tan así. Dios es el creador del sistema que sostiene al universo en forma física y natural, y es el creador del entorno espiritual que nos rodea. Todo lo creado, ya sea visible o invisible, está bajo la supervisión de Dios y, por lo tanto, aunque algunas cosas “se caigan de maduro”, Dios tiene su “as bajo la manga” con el que nos sorprende (veo que en este mes, en varias ocasiones, Dios me está hablando de esto).
Porque… ¿qué es un milagro sino precisamente Dios alterando el curso natural de las cosas?
Cuando pedimos la intervención de Dios, que Él ponga su mano… ¿no es precisamente para que lo que parecía inevitable no ocurra, o para que suceda aquello que parecía imposible?
¡Eso es un milagro!
Me gusta decir una frase bastante tonta por absurda: “Para Dios no siempre dos más dos es cuatro; a veces es cinco y a veces tres”.
¿Pasa así en la matemática moderna normal? Entiendo que los sistemas actuales de enseñanza de las matemáticas difieren, y mucho, de cómo yo aprendí. Veo la forma en que hacen divisiones, por ejemplo, y no entiendo nada. Pero en el plano natural dos más dos sigue siendo cuatro. ¡¿O no?!
Recuerdo el viejo videoclip (¡qué antiguo!) de Carman (¡re antiguo!) que mostraba los festejos en el infierno por Jesús crucificado… hasta que un demonio feo y chiquito se acerca a Satanás a decirle que hay mucho silencio y que Dios no respondió… y, a continuación, empiezan las sacudidas espirituales.
¿Qué habrá sentido (¿siente?) Satanás cuando Jesús descendió a los lugares profundos para anunciar su victoria y proclamarla a los espíritus encarcelados? (1 Pedro 3:18-20; Efesios 4:8-10)
¿Cómo se sintieron los discípulos que estuvieron tres años junto a Jesús, esperando la “restauración de todas las cosas” (Hechos 3:21) o que llegara el momento de “restaurar el reino a Israel” (Hechos 1:6), cuando Jesús fue crucificado y murió?
¿Qué habrán pensado o sentido los habitantes de Jerusalén ese día, o todos los judíos en general, al ver que su esperanza era frustrada? Algunos lo veían como libertador, otros como guerrero, otros como líder, otros como rey… algunos como maestro.
Salomón había dicho que “ciertamente hay un futuro, y tu esperanza no será cortada” (Proverbios 23:18), pero, por lo visto… no era esta la ocasión.
Pero… (ya te dije lo del pero…) “Pero Dios lo resucitó” (Hechos 13:30).
¿Qué más decirte? ¿Habrá algo más para agregar? ¿Tengo que seguir dando vueltas sobre el asunto? ¿Tendré que ocupar una determinada cantidad de líneas o caracteres en la refle de hoy para que quede más bonito?
No te limites a lo que ves y no te conformes con obviedades.
Realmente Dios tiene la última palabra y, en todo sentido, en un instante todo puede cambiar.
Lo muerto puede resucitar.
Lo caído se puede levantar.
Lo seco puede reverdecer.
Lo perdido se puede recuperar.
Termino con las palabras de David en un texto que suele considerarse casi el centro de la Biblia:
“¡El Señor llevará a feliz término su acción en mi favor! Señor, tu amor es eterno; ¡no dejes incompleto lo que has emprendido!” (Salmos 138:8).
¡Si hasta Mirtha Legrand lo dice!
“Lo que no es… puede llegar a ser”.
