Cabeza dura

¿Por qué queremos entender todas las cosas? Sí, es casi un versículo de Proverbios (20:24), pero no lo estoy citando; me estoy haciendo, nos estoy haciendo, una pregunta reflexiva.

¿Por qué necesitamos entender todo lo que pasa?

Al mismo tiempo, lo entiendo perfectamente. Somos seres racionales (bueno… ponele) y es normal que busquemos la explicación de todas las cosas.

¿Viste esa etapa en los chicos, principalmente los varones, en que les regalás un autito y al día siguiente lo encontrás desarmado?

El nene solo quería entender cómo funcionaba, por qué giraban las ruedas o cómo operaba cualquier otro mecanismo que tuviera.

Necesitamos entender, necesitamos racionalizar, necesitamos tener el control… como si eso nos diera alguna seguridad.

Ya es harto conocido —más el concepto que el texto— que “engañoso es el corazón más que todas las cosas,..” (“y perverso” dice Jeremías 17:9).

¿Cómo podemos confiar en algo tan inestable como un corazón engañoso?

Perdón, se me pasó recordarte —aunque seguramente ya lo sabías— que “corazón” implica mente, sentimientos, emociones y pensamientos.

Alguien dijo alguna vez, y suscribo a la idea, que “el campo de batalla del diablo es la mente”.

Así como un virus informático puede alterar el funcionamiento de la computadora más moderna, los “dardos de fuego del maligno” (Efesios 6:16) pueden afectar el comportamiento y, por lo tanto, el crecimiento del cristiano. Bueno, si no sos cristiano, también.

Esos “dardos de fuego” buscan ‘quemarte la cabeza’: acusaciones, presiones, pensamientos directos e indirectos. Palabras gestadas en el infierno que, como el “león rugiente”, andan alrededor “buscando a quién devorar” (1 Pedro 5:8).

¡Cuántas veces la lucha interna es más fuerte que la externa!

¡Cuántas veces las voces de la mente son el principal enemigo con el cual luchar!

¡Cuántas veces nos sentimos bloqueados y paralizados por esa maraña de pensamientos que no nos deja actuar con claridad!

Sí, la mente es uno de los principales campos de batalla del enemigo y, por eso mismo, una de las áreas que más debemos cuidar.
Por eso Salomón advierte y exhorta: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida” (Proverbios 4:23).

Por eso Pablo pide, como medida preventiva: “Tomen el casco de la salvación” (Efesios 6:17, NVI), para proteger nuestros pensamientos y combatir las dudas; y también el “escudo de la fe” (Efesios 6:16), para apagar esos “dardos de fuego del maligno.”

Pero hoy David me dijo algo que me abrió los ojos:
“Señor, Señor, mi Salvador poderoso, tú proteges mi cabeza en el combate.” (Salmos 140:7, DHH)

Luchar con la mente parece una batalla casi perdida. ¿Cómo te vencés a vos mismo? Soy consciente: es difícil.

Pero esta no es una lucha en la que estamos por nuestra cuenta. Una vez más, Dios va adelante; Dios está con nosotros y pelea por nosotros.

“…tú proteges mi cabeza en el combate.”

¿Te parece poca garantía? ¿Te parece que eso no es seguro?

Pablo hubiera dicho: “Si Dios está a favor de nosotros, nadie podrá estar contra nosotros.” (Romanos 8:31, DHH)

O nuevamente David: “Una cosa sé: Dios está de mi parte.” (Salmos 56:9)

O Jahaziel, trayendo palabra de Dios a Josafat: “No tendrán que intervenir en esta batalla. Simplemente quédense quietos, en sus puestos, para que vean cómo el Señor los salvará.” (2 Crónicas 20:17, NTV)

¡Ay, Dios!

¿Para qué querés entender todas las cosas?

Esperá en el Señor.
Confiá en el Señor.

Aunque no entiendas…
Aunque estés confundido…
Aunque no lo tengas claro…

Él protege tu cabeza en el combate.

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