Fundamentos

Muchas veces hablé de él y muchas veces también caí en su trampa. Sí, tener entendimiento de las cosas no significa no quedar enredado. Dicen que “al mejor cazador se le escapa la liebre” y que “los expertos nadadores pueden ahogarse por presunción o arrogancia”.

No soy buen cazador y, sí… pude andar descuidado en más de una ocasión.

El espíritu de “penseque” es un fantasma que ronda nuestras vidas y, por descuido o distracción, puede hacernos “tragar más de un sapo”, pasar un mal trago o atravesar un mal momento. Obviamente, antes de que me juzgues teológicamente, no existe un “espíritu de penseque” (creo que tampoco existen muchos “espíritus de…” que se nombran tan livianamente).

Es una expresión que yo mismo inventé, haciendo un juego de palabras, para graficar una costumbre muy habitual y muy perniciosa: dar las cosas por sobreentendidas o guiarnos por supuestos.

Edwin L. Cole dijo que “la suposición es el nivel más bajo de conocimiento que podemos utilizar”. Y al decir más bajo es casi como decir nulo, inútil o insignificante. Dar por sobreentendido algo solo porque vos pensás que es así… es algo que roza lo berreta. ¿En qué fundamento te apoyás para decir tal o cual cosa?

El estudio del conocimiento científico establece algunas pautas simples, pero inviolables, para la definición, aceptación o explicación de las cosas. Entre ellas está el conocimiento empírico, que no es otra cosa que haber tenido una experiencia con aquello que se pretende describir. Si te piden una descripción de un mueble o de una persona, vas a recorrer con tu mirada o con tu mente cómo es esa persona o esa cosa y vas a hablar de los detalles que conocés. Pero ¿podés afirmar lo mismo sobre algo que no conocés?

Sucede mucho en la arqueología y en la paleontología; mucho más en esta última. Al menos la arqueología busca documentos para explicar restos o ruinas y normalmente llega a conclusiones acertadas. Pero la paleontología (el estudio de la anatomía y el comportamiento de animales prehistóricos) puede cometer errores, y errores graves.

Muchas veces parten de supuestos: “tal hueso demuestra que…” y ahí empieza la imaginación. Una pata grande es sinónimo de un animal enorme. ¿Una pata grande es necesariamente sinónimo de un animal enorme? Si fuera así, los canguros deberían medir cinco metros de altura (modo exageración activado).

Así nos hacemos ideas de cosas que pasan o que aún no pasan, basándonos solamente en presunciones, juicios previos (pre-juicios…) o simples suposiciones.

¿Te dio buenos resultados? Tal vez… alguna vez hayas acertado y te agarrás de eso para “hacer una doctrina”. Pero ¿cuántas veces el resultado fue negativo?

¿Sos de los que siguen apostando, jugando a la quiniela o a la lotería para ver si alguna vez aciertan? ¿Sos de los que se agarran de un acierto sin calcular todo lo perdido previamente?

El “espíritu de penseque”, o guiarte por supuestos, es comparable a la parábola de la casa sobre la arena. Por no tener cimientos, cuando vino la tormenta se destruyó (Mateo 7:24-27). ¡También cuando viene el lobo, eh! No es una referencia bíblica, pero el lobo de los tres chanchitos es un buen ejemplo del ataque del enemigo sobre una casa sin fundamentos.

Esa parábola habla de estar cimentados sobre la roca, en Jesús. Pero el ejemplo nos sirve: cuando te guiás sin fundamentos, estás condenado al fracaso.

Nuestro personaje de hoy se movía con “penseque”. En su caso, estaba apoyado en su soberbia. Él creía que, por ser quien era, iba a recibir un trato especial. ¡Ay, ay! No sé qué es peor: el pensequismo o la arrogancia.

Ya lo dijo Pablo: “Ninguno tenga más alto concepto de sí que el que deba tener, sino que piense de sí con cordura” (Romanos 12:3).

Bueno, Naamán no pensaba de sí mismo con mucha cordura. Se creía más importante que el profeta Eliseo, más importante que un siervo de Dios.
Cuando Eliseo “le manda decir” (ni siquiera lo recibió), su orgullo salió herido y dijo:

“…Yo pensé que iba a salir a recibirme, y que de pie iba a invocar al Señor su Dios, y que luego iba a mover su mano sobre la parte enferma, y que así me quitaría la lepra” (2 Reyes 5:11).

“Penseque…”

Por guiarse por “penseque”, Naamán estuvo a punto de perderse el milagro.
Por guiarse por “penseque”, casi pierde la oportunidad de tener una experiencia sobrenatural.
Por guiarse por “penseque”, casi, casi se queda sin conocer al Dios de Israel y sin que Él fuera también su Dios.

Pero cuando fue confrontado por uno de sus soldados, aceptó la invitación y su vida cambió.

No te guíes solo por tus pensamientos. Ya dijimos ayer —y lo dijo Jeremías hace miles de años— que “engañoso es el corazón” (Jeremías 17:9). Afirmá tus pensamientos en el Señor.

No te guíes ni te manejes con supuestos. Buscá lo concreto. (Y a veces lo más concreto es la fe).
Siempre será concreta la Palabra de Dios. Siempre será concreto lo que Dios tenga para decirte.

No te guíes por los “penseques”… solo llevan al caos y a la confusión. Y esta, finalmente, a la destrucción.

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