Entrenamiento Intensivo

Estamos en medio del Mundial de Fútbol. Sí, ya sé que lo sabés, pero es para dar un poco de contexto a lo que quiero charlar con vos.

Todas las noticias, o prácticamente todas, giran en torno al Mundial. Anoche fui a hacer una pequeña compra al mercado y muchos artículos habituales incorporaron la temática mundialista. Me llamó la atención una caja de cartón, con el dibujo de la Copa FIFA en el frente, que contenía un pack de golosinas (algunos chocolates tentadores) y se ofrecía como “el pack para ver el partido”, con la inscripción FIFA 2026.

Ves autos, casas y edificios embanderados como si fuera una fecha patria. Ahí podríamos abrir otra línea reflexiva… ¿Por qué somos patriotas durante el Mundial y no un 9 de Julio o un 25 de Mayo? ¡Lindo tema para debatir!

En la tele todo es Mundial, desde lo obvio de los programas o canales deportivos hasta los noticieros políticos. El Mundial no es solo un campeonato deportivo, sino un evento de trascendencia cultural internacional.

Entre la cantidad y diversidad de noticias aparecen los noteros en la calle preguntando bobadas, las profecías y los augurios de videntes, matemáticos y hasta algún pulpo por ahí. También aparecen los momentos de entrenamiento. Por reglamento, la FIFA no permite hacer notas dentro de las concentraciones, pero sí registrar imágenes durante los primeros quince minutos del entrenamiento.

Así vimos a Messi siendo accidentalmente golpeado y hoy circuló un video donde le hacen una broma con un aspersor de agua y termina empapado.

Es ahí, en los entrenamientos, donde quiero detenerme. Habrás visto, seguramente, imágenes del equipo corriendo, saltando, jugando un picadito, haciendo jueguitos con la pelota, esquivando obstáculos, etc., etc. Algunos de esos ejercicios son hasta graciosos (por no decir ridículos), pero todos cumplen un papel importante: preparar a los jugadores para el partido, ejercitando movimientos y jugadas previsibles, adaptando el cuerpo a las situaciones que luego encontrarán en la cancha.

No puedo evitar recordar la famosa escena de Karate Kid , donde aparentemente el Sr. Miyagi se aprovecha de Dani LaRusso para pintar su cerca, lijar su deck y lustrar sus autos (¡tremenda colección tenía el japonés!).

Pero no. No estaba abusando de su generosidad sino que, sin que Daniel-san se diera cuenta, lo estaba entrenando en los movimientos necesarios para la lucha de karate .

Y pienso… ¿qué pasa entonces con todas las veces en las que la Biblia dice que Dios “nos prepara para la batalla”? El Salmo 18:29 dice: “Contigo desbarataré ejércitos, y con mi Dios asaltaré muros”… y unos versos más adelante agrega: “Quien adiestra mis manos para la batalla…” (Salmos 18:34). Un poco más adelante todavía leemos: “Perseguí a mis enemigos, y los alcancé, y no volví hasta acabarlos. Los herí de modo que no se levantasen; cayeron debajo de mis pies. Pues me ceñiste de fuerzas para la pelea…” (vs. 37-39), y también: “Y los molí como polvo delante del viento; los eché fuera como lodo de las calles.” (vs. 42).

¿Cómo lo preparó? ¿Cómo le dio fuerzas? Todo eso fue el resultado del entrenamiento al que Dios lo sometió.

Obviamente, Dios no le hizo lustrar autos ni pintar cercas, pero sí permitió que atravesara situaciones que fortalecieron su fe, su carácter y su dependencia de Él.

Como dice Pedro: “…aun cuando sea necesario que durante un poco de tiempo pasen por muchas pruebas. Porque la fe de ustedes es como el oro: su calidad debe ser probada por medio del fuego. La fe que resiste la prueba vale mucho más que el oro, el cual se puede destruir. De manera que la fe de ustedes, al ser así probada, merecerá aprobación, gloria y honor cuando Jesucristo aparezca.” (1 Pedro 1:6-7, DHH)

Por eso también Santiago te anima cuando dice: “Hermanos míos, considérense muy dichosos cuando tengan que enfrentarse con diversas pruebas, pues ya saben que la prueba de su fe produce perseverancia. Y la perseverancia debe llevar a feliz término la obra, para que sean perfectos e íntegros, sin que les falte nada.” (Santiago 1:2-4)

¿Podría la Selección argentina funcionar de manera eficiente sin un Scaloni que los agrupe detrás de una misma visión y los prepare para las pruebas que tendrán que enfrentar?

¿Te imaginás a Messi, De Paul, Paredes o Tagliafico enojados porque tienen que entrenar?

¿Te imaginás al “Dibu” de brazos cruzados, caprichoso, preguntando por qué le siguen pateando tantas pelotas?

¿Te imaginás a Julián Álvarez o Enzo Fernández ofendidos porque los sientan en el banco de suplentes?

Así también nosotros somos entrenados para las batallas de la vida, los combates espirituales y las pruebas que Dios permite. Ellas fortalecen nuestra fe, forman en nosotros carácter y paciencia, y nos preparan para recibir la aprobación del Señor.

Dice David en un momento de exaltación y agradecimiento:

“¡Bendito sea el Señor, mi protector! Él es quien me entrena y me prepara para combatir en la batalla…” (Salmos 144:1)

Sí, tu Señor, tu Protector, es quien te entrena y te prepara para lo que está por venir.

No les tengas miedo a las pruebas. Ellas forman y forjan en vos un carácter aprobado delante de Dios.

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