Ojos mentirosos

¿Qué prueba hay más firme que ser testigo presencial de algo?
¿Qué cosa más contundente y veraz que ver algo con tus propios ojos?

Recuerdo ahora la historia del ciego sanado. No, ese no; el otro, el que tenía 40 años y cuyos padres se hicieron los tontos para no tener problemas con el sanedrín. ¡Lo querían convencer de que Jesús era un pecador y no tenía la aprobación de Dios!

¿Cómo rebatís algo que fue probado “in situ” o encontrado “in fraganti”?

Hace unos días te decía, no recuerdo en qué contexto, que debemos tener pruebas experimentales, fundamentos empíricos, para poder desarrollar una creencia o un argumento a partir de ellos. ¡Ah! Me acuerdo. Cuando te hablé sobre “el espíritu de penseque” y sobre el peso de nuestros pensamientos.

Pero esa prueba por medio de la experiencia solo funciona para eso, para tener un argumento firme, como aquel ciego: “—Si es pecador, no lo sé —respondió el hombre—. Lo único que sé es que yo era ciego y ahora veo.” (Juan 9:25).

¿Te atreverías a decirle que está equivocado?
¿Te prestaría atención?
¿Le importaría tu opinión?

Se parece a la ridiculez de los comunistas vernáculos que pretenden enseñarles a los cubanos acerca de la revolución y cómo se vive en Cuba. ¡Ja!

Pero cuando salimos de ese contexto, lo que vemos, la experiencia, lo real… puede ser un obstáculo para la fe.

Pablo dijo que “no andamos por vista, sino por fe” (2 Corintios 5:7). Y el autor de Hebreos deja para la posteridad su famosa definición: “Tener fe es estar seguro de lo que se espera; es estar convencido de lo que no se ve.” (Hebreos 11:1, RVC).

La fe no depende de lo que se ve, sino solo de lo que se cree. Por eso, aunque veas que las cosas no están bien o que empiezan a ir mal; cuando veas que las respuestas no llegan o que la salida no aparece; cuando veas que estás encerrado en un mar de dudas y confusión; aun cuando te veas solo y rodeado de problemas… no te guíes por lo que veas; esforzate en creer.

Claro… la fe se alimenta con el hacer. No alcanza solamente con creer; hay que dar pasos en la dirección de lo que creés y sumar acciones que aumenten esa misma fe. Santiago, el hermano de Jesús, dijo que “la fe sin obras está muerta” (Santiago 2:17, 26) y que la fe se ve por medio de las obras (Santiago 2:18).

Salomón, que era un tipo sabio y entendido (por lo menos eso dijo Dios, y yo no voy a discutir con Dios), dijo que: “…Lo que veas con tus propios ojos no lo lleves en seguida a los tribunales, porque otro testigo puede desmentirte y al final no sabrás qué hacer.” (Proverbios 25:7-8). ¡Ni siquiera para testimonio!

No. La vista dejala para las cosas más concretas (y capaz menos importantes). Para lo demás… creele a Dios.

Creé a pesar de no ver.
Creé a pesar de ver.
Creé lo que Dios te dice.
Creé lo que Dios va a hacer.

¿Viste lo que le dijo Jesús a la hermana de Lázaro? “Si creés… verás.” (Juan 11:40).
Y a Jairo, cuya hija había muerto: “¡No temas, solo cree!” (Marcos 5:36).

No le hagas caso a tus ojos… ¡Solamente creé!

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