Hay una relación directa entre edad, entendimiento y sabiduría. Es una regla de tres, una ecuación de primer grado: cuanto más grande te venís, más cosas entendés, más selectivo te ponés y más dispuesto a escuchar consejos estás… o no.
O no, porque aunque así debería ser, no siempre sucede de esa manera. A ver… sí aumenta tu comprensión de las cosas. La experiencia no es en vano y muchas veces te vas a encontrar ante situaciones en las que solo cambian los contextos o protagonistas, pero que siguen un mismo esquema y ya sabés cómo terminan.
Ayer, leyendo Eclesiastés 3:15, pensaba en eso: “Dios hace que el pasado se repita”, dice en la DHH, y es una gran verdad. Veo a personas, jóvenes normalmente, sorprendidas con cosas que… hace muchos años eran habituales. ¿Viste que, otra vez, se usan los auriculares grandes? “Dios hace que el pasado se repita”.
¿Te ponés más selectivo? ¡Re! Ya hay cosas que… ¡no da!
Entiendo tanto a esas personas que, pasando los 40, deciden permanecer solteros… ¡Qué difícil ensamblar caracteres distintos y hábitos diferentes! ¿Y los caprichos de la gente? ¿Y los rebeldes infantiles?
No. Gracias… dejame así.
¿Dispuesto a escuchar consejo? Bueno, acá estamos. Los años, la experiencia y la sabiduría te hacen darte cuenta de muchas malas decisiones que tomaste y muchos errores cometidos. Me gusta decir, preguntar en realidad, si hubiera tomado, a los 30 años de edad, las mismas decisiones que a los 20. Casi en su mayoría, la respuesta sería que no.
¿Qué pasa entonces con las decisiones tomadas a los 30? ¿Las tomarías a los 40? Tengo que seguir al mejor estilo regateo de Abraham con Dios… ¿Tomarías a los 50 las mismas que tomaste a los 40?
Y así te vas dando cuenta de que cosas que veías muy claras, convicciones muy firmes, decisiones determinadas, situaciones en las que estabas muy seguro… el tiempo (la vida) te mostró que no era tan así.
Aprendés a esperar, aprendés a analizar desde otra posición, aprendés que Dios no es tan lineal, que las cosas no son tan simples como 2 + 2, sino que Dios se mueve en un plano donde la cuarta o quinta dimensión deben ser lo normal…
Aprendés a escuchar…
Tengo cinco hijos, en un rango de edad que actualmente va de los 38 (casi) a 20. Como verás, distintas realidades y experiencias de vida. Distintas edades que se traducen en distintas épocas vividas y distintas vivencias individuales. Siempre hemos dicho, con mi esposa, que ellos son distintos, pero nosotros los mismos; ellos van pasando etapas, y nosotros debemos atravesar al mismo tiempo todas esas etapas.
¿Complejo? Totalmente, pero sumamente enriquecedor.
Le doy gracias a Dios por mis hijos. No piensan igual que yo. ¡Qué bueno! ¿Tenemos diferencias por eso? Muchas. Y ahí está lo enriquecedor.
He sido y soy bendecido con ellos, con sus opiniones, con su confrontación, con su “rebeldía”, con su criterio propio. Pero soy consciente de que… muchas veces… no dejé de mirarlos como niños y así ignoré sus opiniones o comentarios… que muchas veces estuvieron en lo cierto.
Dice “el Predicador”:
“…, más vale el joven pobre pero sabio que el rey viejo pero necio, porque este ya no admite consejos”. (Eclesiastés 4:13, DHH)
Si sos un “rey viejo que no admite consejos”, es en vano que te diga nada. No vas a escuchar ni me vas a prestar atención.
Pero si sos un joven rebeldón, que cree que se lleva el mundo por delante, que piensa que nadie puede aconsejarte o que todos somos viejos carcamales sin entendimiento…
Dice Discépolo: “Veinte años no es nada…” , dice Pablo Milanés: “El tiempo pasa… nos vamos poniendo viejos”. Los años pasan y si no cambiás hoy, te van a atropellar.
Aprovechá hoy la enseñanza, consejo u opinión de tus mayores… para que seas sabio en tu vejez.
