¿Viste alguna vez esos casos en los que una fractura se cura mal y el hueso queda mal soldado, normalmente en una posición equivocada o superpuesto? La única solución para eso es volver a romper el hueso y hacer el procedimiento correctamente.
¿Viste cuando un árbol empieza a crecer libremente, sin una guía, y por lo tanto el tronco va para cualquier lado? La única solución en ese caso es ponerle un tutor y, a veces, una estructura para intentar realinearlo. El resultado final no siempre es el óptimo. A veces queda un poquito deforme.
Hay un tercer ejemplo que te podría dar, pero que es un poco más fuerte y, la verdad, la verdad es que mucho no me animo, porque tiene que ver con cuando se presenta la necesidad de quebrar nuevamente los huesos de una persona para poder acomodarlos para su destino final. Como dijo Jesús: ‘El que tiene oídos para oír, que oiga”; o mejor, “el que entienda.”
Así como si fuera una regla de la vida: todo lo que perdió su forma, su cauce o la posición correcta que debería tener tiene que ser forzado.
Todo aquello que no fue formado correctamente al principio tiene que ser quebrado. Todo aquello que está dirigiéndose hacia un destino equivocado tiene que ser reencauzado.
¿Por qué no debería hacer lo mismo con los seres humanos? Bueno, con los seres humanos funciona de la misma manera.
Dijo Salomón:
«El hombre que reprendido endurece la cerviz, de repente será quebrantado, y no habrá para él medicina». (Proverbios 29:1, RVR1960)
Cuando no queremos aceptar la corrección, cuando nos negamos a enderezar nuestro camino, cuando insistimos en permanecer en nuestro pensamiento y seguir únicamente nuestro criterio, cuando abiertamente nos distanciamos del camino, la voluntad y el propósito de Dios…
Solo queda una cosa… La mano de Dios tiene que romper el hueso que se soldó en una mala posición.
¿Te estás sintiendo romper? ¿Estás viendo que las cosas empiezan a doler? ¿Estabas manteniendo un camino en dirección opuesta a tu llamado y al propósito de Dios?
Si es verdad que “todas las cosas ayudan para bien” (¡y es verdad!), estás siendo quebrado para ser posicionado en el camino y el propósito de Dios.
Si hasta la vid tiene que ser podada para no “irse en vicio” y así dar mayor fruto…
¿Qué te hace pensar que Dios no va a hacer lo mismo con vos?
