En cada detalle…

Dios está en cada detalle. Y normalmente no nos damos cuenta de eso. Dios está en cada detalle. Y muchas veces creemos que no nos tiene en cuenta, o prefiere a otros, o nos examina con dureza.

Me gusta la referencia de Pablo en Romanos 1 acerca de la majestad de Dios. Con palabras simples se refiere a cómo Dios muestra su soberanía, su gloria y su poder:

«…desde la creación del mundo las cualidades invisibles de Dios, es decir, su eterno poder y su naturaleza divina, se perciben claramente a través de lo que él creó, de modo que nadie tiene excusa» (Romanos 1:20 NVI).

Algo que ya menciona David al decir: «Los cielos cuentan la gloria de Dios; el firmamento proclama la obra de sus manos» (Salmo 19:1 NVI). Una forma muy sencilla de bajar lo divino a lo terrenal, para poder ver que Dios está en los detalles más pequeños, en cosas que para nosotros son cotidianas, pero que encierran un profundo significado.

Nada que ver, pero me lleva a pensar en las vacaciones. En ese dato obvio, pero curioso a la vez. Los que viven en ciudades costeras se van de vacaciones a la montaña y los que viven en regiones montañosas buscan el mar. De chico me parecía tan raro… ¡¿Cómo que vivís en Mar del Plata y no vas a la playa?!

Dios está en los detalles y a veces hace cosas por sus hijos y su pueblo que pasan desapercibidas para el ojo que no se entrena en los detalles. Nos parece todo obvio y normal, hasta que se nos corre el velo y empezamos a ver como se debe ver.

Pedro tuvo esa revelación. «¿Quién dicen los hombres que soy yo?», les preguntó Jesús, y él respondió: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente» (Mateo 16:13-16). La respuesta de Jesús despeja toda duda: «Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos» (Mateo 16:17).

La revelación viene del cielo. La revelación viene del Padre. La revelación viene de Dios. Hay cosas que no se pueden entender o manejar con razonamientos humanos. Hay cosas que solo Dios puede conceder. Como dijo el autor de Hebreos: «Nadie puede tomar este honor para sí mismo, sino que es Dios quien lo llama y le da el honor, como en el caso de Aarón» (Hebreos 5:4 DHH).

Dios está en cada detalle. Liberó a su pueblo de la opresión de Egipto. Los dirigió de la mano de Moisés hacia la tierra prometida. Bueno, casi ninguno de ellos llegó a conocerla porque… mamita, ¡qué complicados y rebeldes que eran! ¡Algunos pensarían que eran cristianos evangélicos argentinos! Pero no, era Israel.

El camino por el desierto fue complicado. No fueron los 40 días calculados, sino que se extendió a 40 años. Realmente era para presentar una queja a la agencia de viajes, salvo que… la culpa no era del chofer ni del guía de turismo, sino de los pasajeros que siempre miraban para atrás.

Pero durante esos 40 años: «…yo los he conducido por el desierto, y ni la ropa ni las sandalias que llevan puestas se les han gastado…» (Deuteronomio 29:5 RVC). ¡Quiero ese zapatero y esa modista! Bueno, ambos fueron el mismo y único Dios que los liberó. Y no solo eso…

«Dios extendió una nube para cubrirlos y un fuego para alumbrarlos de noche» (Salmos 105:39 DHH).

Sí. Dios está en los detalles. Aquello que muchos pensarían que era una muestra del poder, la gloria y la majestuosidad de Dios no fue otra cosa más que la mano protectora de Dios sobre su pueblo rebelde mientras caminaban al calor abrasador del día o el frío paralizante de la noche. Una nube que les daba sombra y fuego para calentarlos y darles luz.

Dios está en los detalles.

¿Sabés las veces que te cuidó o te rescató y ni te enteraste?
¿Tenés idea de cuántas veces te sostuvo para no caer?
¿Cuántas «casualidades» se te aparecieron u oportunidades se presentaron donde no deberían haber existido?

Dios está en los detalles.
Y el mismo que se ocupó de un pueblo que lo iba a rechazar es el que se sigue ocupando y se ocupará de vos.

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