¿Qué estás haciendo con tu vida?
¿Qué estás sembrando en tu vida y con tu vida?
¿Qué frutos estás cosechando?
¿Estás conforme con sus cosechas?
¿Qué estás haciendo con tu vida?
¿Qué estás sembrando en tu vida y con tu vida?
¿Qué frutos estás cosechando?
¿Estás conforme con sus cosechas?
En los últimos años, casi un par de décadas, creo, cuando empezó a avanzar el falso feminismo que vino a destruir el concepto ‘familia’ y por sobre todo la imagen masculina, pudimos ver un deterioro en la sociedad. Tengo que cuidar mucho mis palabras porque enseguida me van a tildar de fanático, machista o militante de alguna ideología política. Realmente te digo, ninguna de las tres cosas.
Todos pasamos una etapa en nuestra vida en la que se nos preguntó o preguntamos: ¿Qué es lo que más te gusta, o lo primero que vez en una mujer/un hombre? En mi caso particular siempre cuento que me enamoré de los ojos de mi esposa.
Creo que si hay una expresión popularmente reconocida es el “¡Arriba las manos!” Por supuesto que no es la única en esa categoría, podría mencionarte “¿Qué gusto tiene la sal?” y obviamente ya sabés la respuesta, o si te digo “¡Hola Don Pepito!” ¿Qué contestás? Pero desde tiempos inimaginables “arriba las manos” nos hace correr un frío por la espalda, ya sea viniendo de un policía, un ladrón ¡o una broma!
No recuerdo bien si fue en el primer año de la escuela secundaria o en el último de la primaria, que había una materia llamada “Higiene y puericultura” que básicamente trataba de la prevención de enfermedades por medio de la medicina preventiva, controles periódicos y … Continúa leyendo Escudo
más allá de las modas están los estilos y la “evolución de las creencias”. Realmente no sé que es peor, si la risa, el oro y la alabanza; demonizar la batería, las luces y banderas; o la discusión sobre qué es más importante: la alabanza, la palabra, la oración o el evangelismo.
Así dijo Jesús respecto de la iglesia, bueno, de los cristianos; que los que lo siguen (seguimos) deben (debemos) “llevar fruto”, un “fruto que permanezca” y que acompañe nuestro diario vivir. Que donde vayamos, ese fruto esté ahí; que pueda ser comprobable, visible, palpable. Que muestre que hemos sido transformados y tenemos un compromiso con el que nos salvó. Algo de eso hablábamos ayer: “No te olvides del que te sacó de la esclavitud” y la mejor manera de recordarlo es “dando fruto”.
Siempre se dice que los argentinos tenemos mala memoria. Que caemos en el error del perro del proverbio, ese que “vuelve a su vómito”. Que si no fuera así no volveríamos una y otra vez a caer en los mismos errores, confiar en las mismas personas que nos lastimaron, o votar a los mismos que ya nos engañaron.
Desde chico me gustó la astronomía. Creo que alguna vez ya hablé de esto (hablo tantas cosas…) pero lo repito, pasaba horas mirando el cielo de noche intentando reconocer y aprendiendo a reconocer el mapa estelar. Con el tiempo algo aprendí (alguito no más…), lo … Continúa leyendo Navegantes
“No existen los desiertos”, decían algunos; “Estás en pecado”, decían otros; “Es una prueba”, era la respuesta más simple (e ignorante); “Es parte del proceso”, me gusta pensar y decir a mi, porque creo con total convicción que “No hay bendición sin transformación, no hay transformación sin proceso”. Podría decir, uniendo las ideas, que “el desierto es el lugar donde somos procesados”.