¿Qué estás haciendo con tu vida?
¿Qué estás sembrando en tu vida y con tu vida?
¿Qué frutos estás cosechando?
¿Estás conforme con sus cosechas?
¿Qué estás haciendo con tu vida?
¿Qué estás sembrando en tu vida y con tu vida?
¿Qué frutos estás cosechando?
¿Estás conforme con sus cosechas?
En los últimos años, casi un par de décadas, creo, cuando empezó a avanzar el falso feminismo que vino a destruir el concepto ‘familia’ y por sobre todo la imagen masculina, pudimos ver un deterioro en la sociedad. Tengo que cuidar mucho mis palabras porque enseguida me van a tildar de fanático, machista o militante de alguna ideología política. Realmente te digo, ninguna de las tres cosas.
No recuerdo bien si fue en el primer año de la escuela secundaria o en el último de la primaria, que había una materia llamada “Higiene y puericultura” que básicamente trataba de la prevención de enfermedades por medio de la medicina preventiva, controles periódicos y … Continúa leyendo Escudo
más allá de las modas están los estilos y la “evolución de las creencias”. Realmente no sé que es peor, si la risa, el oro y la alabanza; demonizar la batería, las luces y banderas; o la discusión sobre qué es más importante: la alabanza, la palabra, la oración o el evangelismo.
Así dijo Jesús respecto de la iglesia, bueno, de los cristianos; que los que lo siguen (seguimos) deben (debemos) “llevar fruto”, un “fruto que permanezca” y que acompañe nuestro diario vivir. Que donde vayamos, ese fruto esté ahí; que pueda ser comprobable, visible, palpable. Que muestre que hemos sido transformados y tenemos un compromiso con el que nos salvó. Algo de eso hablábamos ayer: “No te olvides del que te sacó de la esclavitud” y la mejor manera de recordarlo es “dando fruto”.
“No existen los desiertos”, decían algunos; “Estás en pecado”, decían otros; “Es una prueba”, era la respuesta más simple (e ignorante); “Es parte del proceso”, me gusta pensar y decir a mi, porque creo con total convicción que “No hay bendición sin transformación, no hay transformación sin proceso”. Podría decir, uniendo las ideas, que “el desierto es el lugar donde somos procesados”.
Dice Éxodo 3:1 “Moisés cuidaba las ovejas de Jetro, su suegro, que era sacerdote de Madián, y un día llevó las ovejas a través del desierto y llegó hasta Horeb, el monte de Dios.” Moisés lo sabía. O el suegro se lo hizo entender o el ya lo comprendía de antemano: las ovejas no eran propias, eran del suegro y al suegro tenía que dar cuenta por el movimiento, traslado, pastoreo, alimentación y destino de las ovejas.
El propósito es trascendente a mi propia vida porque es lo que le da sentido a mi vida y es lo que posteriormente queda de mí. Circula en estos tiempos una frase muy interesante que más o menos dice: “Cuando te nombran a Moisés, no pensás en el rebelde que golpeó la roca, sino en el libertador de una nación; cuando te nombran a David, no pensás en el que embarazó a Betsabé, sino en el que le escribía canciones a Dios y fue creado conforme su corazón.”
¿Cuál es la causa de las guerras? La ambición del hombre. El hambre de poder. El deseo de someter y sentirse superior al otro. Todo esto no es nada más ni nada menos que los atributos que Dios nos dio, pero pervertidos por la caída de Génesis 3. Dios nos creó con capacidad de gobierno. La capacidad de determinar, decidir, gobernar, administrar, incluso sojuzgar, necesaria para poder gobernar una tierra que estaba desordenada y vacía y a la y las razas que irían apareciendo. Cuando Adán y su familia fueron expulsados del huerto, lo que era bueno para gobernar degeneró en bueno para oprimir y poner en primer lugar solamente el beneficio propio.
Me voy a meter en un tema urticante (¡a mi juego me llamaron!), el asuntito de la o las coberturas. ¿Qué es una cobertura? A ver, durante muchos años la mejor cobertura era la de los alfajores de chocolate. También puede ser el blanco, pero … Continúa leyendo Cobertura