Entrenamiento

Mientras estoy preparando algunos puntos sobre el mensaje de hoy para la serie Conquistando la Promesa, me encuentro con un texto en la lectura del día que me lleva a pensar en esta Fortaleza de la Comodidad que trataremos hoy.

No es el mismo contexto ni la misma aplicación. La fortaleza de la comodidad alude a esos momentos en nuestra vida en que nos acomodamos a nuestra realidad y no queremos esforzarnos en ir por más. Es esa vieja idea de que “lo bueno es enemigo de lo mejor” y que nos confronta con nuestra propia mediocridad: ¿para qué ir por más si con el lugar que alcancé es suficiente?

Hoy voy a desarrollar un poco este tema, pero así como nos enfrentamos a esa decisión, también hay situaciones en las que las condiciones alrededor operan como freno a nuestras buenas intenciones de progreso o crecimiento. A veces no se trata simplemente de conformismo y comodidad, sino de impedimentos, reales o exagerados, con los que nos topamos en nuestro caminar con Cristo.

Estás esperando una respuesta. La respuesta no llega. Dejás de esperar.
Estás orando por un cambio. El cambio no viene. Dejás de orar.
Estás empezando un emprendimiento. No hay avances. Hay cansancio. La inversión se convierte en pérdida. Dejás de intentar, dejás de emprender.

Podría agregar muchos ejemplos. Me pasan por la cabeza las situaciones recurrentes en las familias, normalmente con los hijos, donde hablás y lo que decís… “cae en saco roto”, para ser bíblico, o “es lo mismo que hablarle a la pared”, para seguir la tradición de padres y abuelos.

También está la otra sensación: “¿hablo yo o pasa un carro?”, porque no hay ningún tipo de reacción o respuesta a las indicaciones que das y ni siquiera dan señales de que escucharon lo que dijiste.

Esto genera una gran frustración. La frustración provoca estancamiento. El estancamiento termina en retroceso y, de golpe, te ves abandonando los intentos por crecer, avanzar, prosperar.

¡Ja! No vas a saber de qué te hablo (aunque ya lo mencioné en alguna ocasión), pero esto me trajo a la memoria la adaptación que hizo García Ferré de la anécdota sobre Thomas Edison… ¡el de la lamparita!
De este se dice que fracasó mil veces antes de dar en el clavo, a lo que él se refirió como “descubrir mil maneras inservibles” para su experimento.
El creador de Anteojito y Antifaz lo mostró en su película “Mil intentos y un invento”.

¿Cómo manejás la frustración por los esfuerzos improductivos?
¿Cómo actuás cuando no hay resultados?
¿Hasta cuándo vale la pena insistir?
¿Hay que insistir?

¿Será que Dios no quiere?
¿Será que el diablo se opone?

Acá nos encontramos con uno de los típicos debates y, al mismo tiempo, mito de los cristianos. No. Me retracto. No, de los cristianos no. De los evangélicos:

¿Es una prueba o es un ataque?
Si se cierran los caminos: ¿es “el diablo” perturbando o Dios cuidando?

¿Y si no es ninguna? ¿Y si hay una tercera opción?

Para no dejarte con esta intriga y, antes de ir al cierre, hay otros factores paralelos que definen si es Dios o el diablo.
Por medio de esas experiencias vas “afinando” tu oído para reconocer la voz de Dios y vas entendiendo su voluntad.
El proceso te va mostrando si es que “ya no da” o si hay que perseverar.

Pero hay otra opción, y me parece más interesante. Josué nos cuenta que:

“…el Señor hizo que los enemigos se pusieran tercos y resistieran a los israelitas, para que los israelitas los destruyeran por completo y sin misericordia, tal como el Señor se lo había ordenado a Moisés.” (Josué 11:20)

¿Y si las trabas son solo para un entrenamiento?
¿Y si los impedimentos son solo para mantenernos activos?
¿Y si solo es para obligarnos a cumplir el mandato del Señor?

No todo obstáculo es para detenerte… algunos están puestos para probarte y otros para formarte.

Fortalecen tu carácter.
Desarrollan tu fe.
Te confirman —o no— si vas por el camino correcto.

Tal vez todo sea entrenamiento

Por eso la pregunta no es simplemente “¿por qué pasa esto?”
La verdadera pregunta es: ¿qué quiere formar Dios en mí a través de esto?

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