Legados

No pienso decir que me estoy poniendo viejo. Ni se te ocurra que me vas a escuchar o leer reconociendo eso. Pero hay una edad en que uno empieza a ver y pensar las cosas de otra manera.

Me doy cuenta de que hay cosas que ya no me interesan, y otras que me importan más que antes.

También aprendí a elegir mis batallas. Me hacía problema por cosas que hoy miro pasar. Algunas las sigo de reojo. Otras… que sigan viaje nomás.

Ya hace mucho entendí, como le dije a una joven hace unos días, que el mundo (y la iglesia) existen desde antes de que yo naciera, y cuando muera seguirán existiendo aún (la iglesia también).

Porque hay una etapa en la vida —capaz vos estás en esa o ya estás como yo en la otra— donde uno cree que es eterno.
En realidad no lo creés; nadie piensa que es Highlander o Deadpool, pero no tomás conciencia de la muerte porque la ves muuuuy lejana.

Aunque siempre puede sorprenderte…

Yo, por el contrario, ya sé que viví más de la mitad de mi vida. Dicho en otras palabras: lo que me resta por vivir es menos (bastante menos) de lo que ya viví…

Y acá es donde me pongo reflexivo y pienso: nos pasamos la vida entera preparándonos para la vida y para tener un mejor pasar, pero ¿nos tomamos un tiempo para prepararnos para la muerte?

Y no digo ahorrar para tener “donde caerte muerto”, ni tampoco lo obvio: si tenés la seguridad de tu salvación.

Si no… ¿están tus cosas en orden para que las reciban y administren los que te sucedan?

¿Tenés tus papeles y cuentas al día?
¿Sabe tu familia dónde están esos papeles y tus objetos de valor?

Y lo más importante, porque esto primero, como mucho, les dará algún dolor de cabeza…
¿Estás dejando un camino a seguir o imitar? ¿Estás dejando un legado, una enseñanza?

¿Cómo te gustaría ser recordado?
¿Cómo creés que te recordarán?

¡Uff!
¡Chanfle!
¡Chan!

Más allá de cuál o cuáles sean tus respuestas, hay un punto crucial: no vas a vivir para siempre; un día no vas a estar más. ¿Cuánto más vas a esperar?

Dijo el sabio Etán (autor del Salmo 89): “¡Nadie puede vivir y no morir nunca! ¡Nadie puede librarse del poder de la muerte!” (Salmos 89:48)

Y Moisés dijo: “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría.” (Salmo 90:12)

No vivas como si fuera para siempre.
Viví de tal manera que valga la pena recordarte…

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