Percepciones

¿Cómo pueden dos personas actuar tan diferente ante una misma situación?
¿Qué mecanismo se activa o no dentro nuestro ante los conflictos, presiones o problemas?

Obviamente, el problema no es el problema (sí, ya sé, pero no, no estoy citando a Arjona), sino que “el problema” está en nosotros… o, sinceramente, somos nosotros.

Yo entiendo que distintas personas tengan distintas reacciones ante, por ejemplo, el clima. Están los “team” verano e invierno, mientras yo hoy estoy con suéter y campera… otros están de simple remera. Ok. Lo acepto.

También están los de playa o montaña, dulce o salado, carne o pasta… ¡Ok! Pero esto es otra cosa…

Goliat estaba en modo ganador. Ni pensaba enfrentar al ejército de Saúl. Su impronta, su presencia, por sí solas, intimidaban a los israelitas.
Cómodo en esa posición, se divertía provocando… y amedrentando. Salía todas las mañanas al frente de batalla a gritar insultos y amenazas.
Y le resultaba…

“Al oír Saúl y todos los israelitas las palabras del filisteo, perdieron el ánimo y se llenaron de miedo.” (1 Samuel 17:11)

Hay que tener cuidado con lo que escuchamos. O a qué le prestamos atención.
Lo que escuchamos trabaja en la mente y determina nuestros pensamientos, decisiones y acciones.

¡Como David! Escuchó lo mismo, vio lo mismo, pero no actuó igual:

“David le contestó: —Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina, pero yo voy contra ti en nombre del Señor todopoderoso, el Dios de los ejércitos de Israel, a los que tú has desafiado.” (1 Samuel 17:45)

La misma situación, el mismo combate, el mismo ejército y el mismo Goliat…
Pero distinto hombre delante del conflicto.

Saúl era… Saúl. Inseguro, inestable, incrédulo de su posición y dependiente de su imagen.

David, por su lado: seguro de sí mismo y de su posición delante de Dios, seguro de su Dios, dependiente solo de Él y no de la opinión pública en general.

No. El problema no es el problema, sino que el problema está en nuestro corazón.
La imagen que vos tengas de vos mismo delante de Dios es la que va a determinar tu comportamiento ante las situaciones que se te presenten y ante los desafíos que Dios ponga delante tuyo.

El lugar que le des a lo que se diga de vos, cuánto permitas que te afecte lo que se diga a tu alrededor, va a determinar tu avance o retroceso, tu éxito o fracaso, en tus emprendimientos.

Pero aún más todavía… la imagen que tengas de Dios en relación con vos es lo que va a determinar que alcances tus metas, cumplas tu propósito, disfrutes una vida en plenitud… o te limites a tu condición.

¿Cómo pueden dos personas actuar tan diferente ante una misma situación?
Según dónde pongan su mirada.
Según lo que decidan creer.
Según a quién quieran escuchar.

¿Qué mecanismo se activa o no dentro nuestro ante los conflictos, presiones o problemas?
El de la fe en Dios… o el de la fe puesta en vos.

David alcanzó y superó sus metas porque sabía quién era en Dios, dónde estaba parado y que Dios estaba con él.
Como Jesús, que dijo que: “…mi Padre no me ha dejado solo, porque yo siempre hago lo que a Él le agrada” (Juan 8:29).

Pero Saúl se enfocó en sus temores, su inseguridad y la opinión de los demás para validar su llamado, posición y ministerio.

No mires atrás.
No mires tus miserias.
Poné los ojos… en el Señor.

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