Placebos

Un “placebo” es un señuelo, una simulación, sencillamente un engaño.
Se utiliza comúnmente en medicina experimental para hacer pruebas de nuevos medicamentos: se toma un grupo de personas que serán “los experimentos” y se les da el prototipo de la medicina para chequear si sirve y qué posibles efectos secundarios puede tener.

Pero a un par de los candidatos no se les da medicina, solo agua o solución fisiológica, para poder comparar los resultados.
Claro… ellos no lo saben…

A partir de ahí aparece el “efecto placebo”: un poco de sugestión, un poco de manipulación y nos encontramos ante una sanidad milagrosa o una salida mágica; la persona “cree” que está tomando un remedio mágico o que encontró el elixir de la juventud, y eso le hace sentirse mejor.
¿Te acordás de la crotoxina?

Lamentablemente, muchos meten en esta categoría a la iglesia y al mover del Espíritu. Se habla de, por ejemplo, “sugestión” o “histeria colectiva” cuando un grupo de personas está hablando en lenguas.
Vos y yo sabemos que no es ninguna sugestión…

Pero… buscamos descanso en las vacaciones; nos tomamos “años sabáticos”; nos distanciamos de lo que nos confronta o nos compromete; evitamos tomar, justamente, compromisos.

Buscamos actividades “placenteras” (y en “placenteras” meté todo lo que se te ocurra); usamos terapias “alternativas”; buscamos gurúes y coaches que nos guíen en el camino… ignorando (espero que sea ignorando) que tenemos la salida y la plenitud al alcance de la mano.

Decir “al alcance de la mano” es solo un eufemismo: en realidad, es al alcance de la fe y a la distancia de un cambio de actitud, renovación de la mente e intimidad con Dios.

Dijo Jesús: “Así que, si el Hijo los hace libres, ustedes serán verdaderamente libres.” (Juan 8:36)

“Verdaderamente libres”. No pasajero. No temporal. No un placebo. De verdad.

Los pacientes de las pruebas experimentales no saben que están recibiendo un placebo. Creen que es la medicina que los va a salvar.
¿Creés que tu camino alternativo te va a dar lo que solo Cristo te puede dar?

Dijo Pablo —y me despido, ya es tarde y en un rato tengo que predicar—: “En él estamos completos… en él habita corporalmente la plenitud de la divinidad” (Colosenses 2:9-10).

Dijo también que “la iglesia… es su cuerpo… la plenitud de aquel que todo lo llena en todo” (Efesios 1:23).

Sí… tremendos Efesios y Colosenses.

No busques salidas mágicas ni terapias alternativas.
Tomá un compromiso… con Él.

Dejar un comentario