Cuando Will Smith abre la puerta del locker y observa a los pequeños extraterrestres que habitaban ahí, más allá de lo gracioso y distópico de la escena, nos da una imagen de lo que debe ser Dios mirando a la humanidad.
Obviamente no es comparable. La relación de tamaño es completamente distinta. Después de todo, los “pequeñitos” pueden apreciar bastante de la imagen y tamaño de “su dios”.
Pero nos muestra ese panorama de dos dimensiones paralelas que se cruzan y en cierta manera conviven.
Lo más gracioso fue la escena final de la película, donde la Tierra termina siendo una “bolita” con la que juegan otros extraterrestres, en este caso, enormes…
Otra vez la misma idea: lo inconmensurable de su tamaño comparado con nuestra pequeñez, que a la vez nos hace sentir tan grandes delante de otros más pequeños.
Me lleva a pensar en Pablo hablando de la “inconmensurable grandeza del poder de Dios” (Efesios 1:19), o la referencia a “la anchura, la longitud, la profundidad y la altura del amor de Cristo;…” (Efesios 3:18)
O Salomón diciéndole a Dios que “ni la gran expansión de los cielos es capaz de contenerte” (1 Reyes 8:27); o Isaías diciendo que Dios “…mide las aguas con el hueco de su mano, y los cielos con su palmo…” (Isaías 40:12).
¡O Jeremías! Recitando “¿No lleno yo, dice Jehová, el cielo y la tierra?” (Jeremías 23:24)
En definitiva, lisa y llanamente, somos menos que cucarachas ante los ojos de Dios. ¿Necesitará lentes para poder vernos?
David lo resume en estas palabras: “¿Qué es el hombre para que tengas de él memoria?” (Salmos 8:4)
Pero también dice: “Nadie es comparable al Señor nuestro Dios, que reina allá en lo alto; y que, sin embargo, se inclina para mirar el cielo y la tierra.” (Salmos 113:5-6)
¿Te sentis poca cosa delante de Dios? Hacés bien.
¿Te sentís indigno de presentarte ante él? También hacés bien.
¿Creés que Dios te ignora a causa de tu pequeñez y tu bajeza?
Ahí le erraste. Porque “Dios se inclina” para llegar a tu altura, para estar a tu nivel, para ponerte cara a cara, para que te sientas cerca de él.
También dijo David: “Se inclinó a mi y oyó mi clamor” (Salmos 40:1)
¿Querés más? “…me libró porque se agradó de mi…” (Salmo 18:19)
