Procesos

Anoche tuve el privilegio de escuchar una entrevista que le hicieron a Nahuel Penissi, cantante muy conocido en los últimos años y oriundo de nuestra ciudad, Florencio Varela.

Un detalle no menor, y que seguramente ya sabés, es que Nahuel es ciego de nacimiento.

Tranquilamente, eso solo sería suficiente para ser noticia en este mundo manipulado por los shocks emocionales. Pero, realmente, tiene una hermosa voz y se nota que es una persona excepcional.

Como suele pasar en estos casos, se burlaba de su propia condición y hacía chistes de doble sentido sobre la ceguera, como decir que no podía leer bien algo porque “se había olvidado los lentes”.

Y, en su charla con el conductor del programa, hubo un comentario que me llamó poderosamente la atención: dio gracias por su abuelo, ya fallecido, quien, cuando él todavía era pequeño, no quiso que recibiera los cuidados normales para un chico ciego: poner goma espuma en las esquinas de los muebles y paredes, colocar una soga que recorriera toda la casa como una suerte de guía, quitar elementos de en medio para que pudiera andar con libertad; sino todo lo contrario: que se golpee, que tropiece, que se caiga.

Nahuel comentó: “Parece cruel, ¿no?”. Algo con lo que todos estarían de acuerdo. Sin embargo, él agrega: “Gracias a eso aprendí a desenvolverme solo. ¡Gracias a mi abuelo!”.

El sistema de prueba y error sigue siendo uno de los mejores métodos para el aprendizaje humano. Después de todo, nuestro cerebro se desarrolla físicamente al enfrentar problemas, y nuestra mente se va construyendo ante cada desafío.

Las corrientes actuales de enseñanza, disfrazadas bajo un manto de derechos, igualdad e inclusión, muchas veces solo logran hacer del hombre un ser cada vez más débil y dependiente. Las políticas educativas, por ejemplo, manejan mal la cuestión del “bullying”, terminando en casos tan dramáticos como los últimos conocidos de violencia y asesinatos en escuelas.

¿Qué se consigue con evitarnos el dolor? ¿Cuál es la ganancia o el beneficio de evitar las crisis? ¿Qué se potencia exagerando los cuidados? Debilidad, y solamente debilidad. Debilidad física, debilidad emocional y falta de identidad.

El autor de Hebreos dice, hablando de Jesús, que: “Aunque era Hijo, aprendió obediencia por lo que padeció” (Hebreos 5:8).

Pedro insta a los cristianos, que estaban en plena persecución por parte del Imperio: “…no se sorprendan del fuego de prueba que están soportando, como si fuera algo extraño” (1 Pedro 4:12).

Pablo, hablando de sí mismo, dice: “Cinco veces he recibido de los judíos los cuarenta azotes menos uno” (2 Corintios 11:24).

Podría sencillamente copiarte Hebreos 11, hablando de los mártires de la fe. O podría relatarte resumidamente cuarenta capítulos de Job girando alrededor de: “¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos?” (Job 2:10); solo como una muestra para que puedas entender que el sufrimiento, la prueba y el esfuerzo son fundamentales en la escuela de Dios para alcanzar una vida cristiana victoriosa y poder salir fortalecidos en el proceso.

Me limito a recordarte las palabras de Jesús: “En el mundo tendrán aflicción…” (Juan 16:33). “Tendrán”. No es potencial, no hay condicional. Es una afirmación en tiempo futuro: “van a tener aflicciones”.

Y cierro con esto: “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto” (Juan 15:1-2).

Lo que no sirve se corta y se desecha.
Pero lo que sirve… se procesa… para que sirva más y mejor.

No te quejes por las pruebas.
No rechaces tu proceso.
No des vueltas en círculos evadiendo lo inevitable.

Si todavía estás de pie y estás siendo probado… Dios te está tratando, puliendo, limando, podando, lijando… para que seas mejor.

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