Evangelio es transformación. Evangelio es cambio de vida y de posición. Evangelio es renuevo. Evangelio es ser una nueva creación.
Todo esto es el resultado de una vida expuesta al poder transformador del Evangelio. Cuando llegaste a Cristo, cuando “conociste al Señor” (o apenas empezaste a conocerlo), se desbloquea un nuevo nivel de vida y propósito que te pone delante de la bendición, la prosperidad, la restauración y la plenitud.
Pero este evangelio transformador no funciona por ósmosis, contagio ni de forma automática. El Reino de Dios (el continente y propósito del Evangelio) es activo, y se activa por medio de la Iglesia.
Sí. No voy a hacer teología de la Iglesia, pero la Iglesia es el ente transformador individual y social que, así como cambia tu vida, puede cambiar el lugar donde estás.
Jesús les dijo a sus discípulos, enfocado en los tiempos futuros: “Les aseguro que ustedes llorarán y estarán tristes, mientras que la gente del mundo se alegrará. Sin embargo, aunque ustedes estén tristes, su tristeza se convertirá en alegría” (Juan 16:20).
“…su tristeza se convertirá en alegría”. ¡Si eso no es más que suficiente para decidir vivir el Evangelio!
Algunos todavía insisten, bien a la vieja usanza, en hablar solamente de la gloria de la eternidad y la vida en la Nueva Jerusalén. Son los que dicen que “el mundo es para aflicción”, tomándose de las palabras de Jesús en Juan 16:33. Pero Jesús termina esa frase diciendo: “…pero confíen, porque yo he vencido al mundo”.
Lo mismo cuando les dice a sus discípulos que “…recibirán cien veces más ahora en este tiempo…” (Marcos 10:29-30).
Repito: la Iglesia, el Evangelio, es el ente transformador individual y colectivo que puede cambiar tu realidad.
Pero es necesario tomar parte y partido. No somos solo espectadores. Somos protagonistas y, como protagonistas… transgresores.
Tenemos una misión sobrenatural, que es “afectar, infectar, transformar” el lugar donde estamos por medio de su Palabra. Y, como funciona en toda negociación win-win, al ser protagonistas también somos bendecidos.
Salomón dijo que “El que cuida la higuera comerá su fruto, y el que mira por los intereses de su señor tendrá honra” (Proverbios 27:18). Si te ocupás de tu llamado, si entendés tu rol y lo ejercés, si sos protagonista y transgresor, si “cuidás los bienes de tu Señor (Dios)”, entonces vas a tener una parte de los resultados.
Sí, los planes de Dios para la Iglesia son “planes de bienestar y no de mal” (Jeremías 29:11).
Sí, Jesús vino para que “tengamos vida en abundancia” (Juan 10:10).
Sí, cosecharemos el fruto de nuestro esfuerzo “si no desmayamos” (Gálatas 6:9).
Sí, vale la pena seguir y servir a Cristo (Iglesia Restauración dixit).
Por lo tanto (así termino, que tengo que preparar la prédica para esta noche), ocupate de tu llamado, ocupate de lo que Dios te dejó, atendé, como Jesús, “los negocios de mi [tu] Padre” (Lucas 2:49), y vas a ver cómo, también en eso:
“…hay más dicha en dar que en recibir” (Hechos 20:35).
