Propósitos

Hablé de este tema hace unas semanas atrás. No me gusta repetir o sonar repetitivo; la Palabra de Dios tiene ¡tantas cosas! que me incomoda volver a lo mismo.

Dice, por ejemplo, que es una lámpara y lumbrera: alumbra en detalle tu paso a paso para revisar tu caminar, y te permite ver un panorama general del camino por el cual vas y la meta a alcanzar (Salmos 119:105).

¡Pero no puedo sacarme de la cabeza esa frase fuera de contexto de la lectura de Samuel!

Sí, la Palabra incomoda, sacude, confronta. La Palabra te abre los ojos y te hace pensar, como en este caso, lo que no tenía pensado pensar…

Es que esa mujer solo tenía que manipular a David para que él hiciera volver a Absalón.
Ese es todo un “gran tema”, y Absalón ¡ni te cuento! (Hoy Dios me habló también con Absalón).

Y mientras le está “comiendo la cabeza”, le dice: “…Es un hecho que todos tenemos que morir; somos como agua que se derrama en el suelo, que no se puede recoger…” (2 Samuel 14:14).

El evangelio es una confrontación constante…

A veces pienso en las mariposas… todo un proceso de metamorfosis para morir en pocas horas. ¿Para qué existen? ¿Para morir?
O en esos peces que se convierten en “zombies”, que se pegan a la hembra (se fusionan con ella) y están muertos en vida. ¿Para qué viven? ¿Para morir?

Y antes de darle lugar al bajón y al sinsentido, pienso: todo lo hacen con un propósito. Desde que nacen, pasando por su crecimiento, transformación cuando toca, cortejo si existe… todo confluye en una cosa: procrear, continuar la especie, proteger sus crías, dar la vida si es necesario. Como diría Warren: “Una vida con propósito”.

“…Es un hecho que todos tenemos que morir…” Y acá viene lo de la repetición: ¿le estamos dando valor a nuestro paso por este mundo? ¿Cómo estás viviendo tu vida? ¿Como si nunca terminara? ¿Como si fueras eterno?

¿O sos consciente de que vas a morir?

La vida debe disfrutarse, pero no desperdiciarse.
¡La vida debe vivirse a pleno! Pero con un propósito.

Darte cuenta de que no vas a vivir para siempre y que, cuando menos lo esperás… la lámpara se quedó sin aceite y ya no habrá tiempo para comprar.

Darte cuenta de que hay una generación completa que depende de vos. Sí, de vos. Tu linaje, tu herencia, tu influencia. Esperan tu legado y un camino marcado.

Darte cuenta de que todos aquellos con los que te relacionaste en los años que pasaron y en los que vendrán… fueron puestos ahí para que sepan que…

¡Se puede vivir de otra manera!

¿Qué estás haciendo?
¿Cómo estás viviendo?
¿Qué estás edificando?
¿Qué vas a dejar?

“…Es un hecho que todos tenemos que morir…” (2 Samuel 14:14).

Dejar un comentario