Hoy no es mi mejor día. He tenido peores, claro; pero mi estándar está muy por encima de esto. No lo digo para victimizarme de nada ni para justificarme de cualquier otra cosa, sino para que sepas que me pasan las mismas cosas y tengo los mismos (u otros) conflictos que vos.
Hace mucho que abandoné el idealismo del superhombre. Más allá de que me guste la ciencia ficción, lo sobrenatural y lo fantasioso, sé perfectamente que nunca voy a ser alguien sobresaliente. Con un pequeño detalle: no sé por qué, pero Dios me eligió.
Bueno, yendo a la Biblia sí sé por qué (no puedo escapar del vicio de la Palabra). Pablo les dijo a los corintios, muy suelto de cuerpo él:
“Dios escogió lo tonto del mundo para avergonzar a los sabios, y escogió lo débil del mundo para avergonzar a los poderosos. También escogió Dios lo más bajo y despreciado, y lo que no es nada, para anular lo que es, a fin de que en su presencia nadie pueda jactarse.” (1 Corintios 1:27-29)
Ahí encajo perfecto y me siento totalmente identificado.
Recuerdo una vez, hace muchos años, en la que Dios me dijo algo que, humanamente, sería una provocación, un abuso y un maltrato. Me dijo: “gusano”. ¡Imaginate! Yo, que me sentía poca cosa, y Dios que me dice gusano… ¿dónde se fue la autoestima? Sí, al décimo quinto subsuelo de mi propia persona, y a confrontar con mi, otra vez, “debilidad, bajeza y desprecio” (Corintios).
Pero esa misma palabra le pega un giro a esa definición diciendo: “No temas, gusano Jacob, pequeño Israel, porque yo mismo te ayudaré», afirma el Señor, ¡el Santo de Israel, tu Redentor!” (Isaías 41:14)
Sí, gusano. Gusano escogido por Dios. Gusano usado por Dios. Gusano ayudado y redimido por Dios.
¡Cómo me ministra siempre Hebreos! “…no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado.” (Hebreos 4:15)
“…de la misma manera que nosotros…” ¡Claro! Sin pecado. Pero sintiendo, entendiendo, levantando, restaurando.
O el Salmo 103:14: “Pues él sabe lo débiles que somos; se acuerda de que somos tan solo polvo.”
O también David, luchando con su propia humanidad y diciendo: “En Dios solamente está acallada mi alma; de él viene mi salvación. Él solamente es mi roca y mi salvación; es mi refugio, no resbalaré mucho.” (Salmo 62:1-2)
“No resbalaré… mucho…” ¡Wow!
O, volviendo a Hebreos: “…acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir la misericordia y encontrar la gracia…” (Hebreos 4:16)
Ahí está la clave: en acercarme a Él con confianza; en entender que solo Él es mi roca y salvación, y que es el remanso para el alma.
Y también… por si no lo viste todavía; también en su Palabra. Porque es la única con la fuerza, la capacidad y la autoridad para mostrarte lo que Dios tiene para decirte y callar las mentiras y acusaciones diabólicas.
Es la “espada del Espíritu”, dice Efesios 6; la de doble filo que penetra a lo más profundo, dice Hebreos también; la que es un escudo, como la fe, para los que buscan su protección:
“Toda palabra de Dios demuestra ser verdadera. Él es un escudo para todos los que buscan su protección.” (Proverbios 30:5)
La Palabra te sostiene.
La Palabra te levanta.
La Palabra te corrige.
La Palabra te restaura.
Es el poder sobrenatural de la Palabra de Dios.
No quería escribir hoy. No iba a hacerlo. Pero esta palabra, en mi devocional, me fortaleció y animó.
Cuando te sientas caer, cuando no veas la salida, cuando la angustia te quiera ahogar…
Refugiate en Dios y su Palabra…
“…Él es un escudo para todos los que buscan su protección.”
