Es un hecho, es una realidad. En un instante, en un momento, tu vida puede cambiar.
Todos los días escuchamos noticias sobre inseguridad. En estos días está muy latente el caso de esa adolescente de Córdoba que fue seducida, manipulada y engañada… violada y asesinada; todo en el transcurso de unas pocas horas. Un cambio inesperado. Un desenlace que cambió las vidas de toda su familia.
En un instante todo puede cambiar.
Cercano a mi barrio, hace unos días, un joven circulaba con su moto… atropellado, golpeado, arrastrado… muerto; con el típico agravante del responsable desaparecido, escapando de la escena. Otra vez: la familia, los amigos, los cercanos y no tanto. Crisis, desesperación; lo que no se esperaba, cuando no se lo esperaba, sucedió y todo cambió.
Muchas veces utilizamos estas experiencias para evangelizar. Es muy difícil hablar del amor de Dios en ese contexto, o incluso en un funeral; pero el mensaje gira hacia la imprevisión: creés que tenés la vida comprada, pero en un momento, en un instante, todo puede cambiar.
No soy muy adepto a ese tipo de evangelismo, pero admito que lo usé en más de una ocasión y seguramente lo volvería a usar. Bueno, admito también lo difícil que es para mí ministrar un sepelio. Estoy incómodo, tenso; me siento desubicado, quiero huir del lugar. La gente no está predispuesta a escuchar. Lo hacen por compromiso, y se nota. Pero siempre alguien está necesitando unas palabras que lo lleven a Dios, y en esa o esas personas me enfoco.
¿Qué les voy a decir? Es un momento donde las palabras sobran. Entonces me enfoco en lo volátil de la vida y en que tenemos que estar siempre preparados. Como lo del ladrón en la noche, ¿viste?
De un momento a otro, todo puede cambiar. Pero lo que no solemos ver es que sucede lo mismo al revés. No es solo que, ¡de repente!, puede pasar algo malo (que sí puede pasar), sino que también, ¡de repente!, puede pasar algo bueno (¡que sí va a pasar!).
Decía anoche que el evangelio es una vida sobrenatural. Dios nos pone delante de una completa experiencia sobrenatural y eso deja abierta la puerta a los “de repentes” de Dios.
Una vida sobrenatural no se rige por reglas y principios naturales ni humanos sino… sobrenaturales (o divinos).
Una vida sobrenatural es la que convive en la fusión de un plano natural y terrenal y el plano espiritual y “místico” (y digo “místico” solo para marcar la diferencia, porque en realidad no se trata de misticismo sino de la realidad de esta vida espiritual y sobrenatural).
Una vida sobrenatural es a lo que quedaron expuestos los discípulos y todos los habitantes de Jerusalén en aquella tarde de Shavuot, donde se preparaban para las fiestas de las primicias y venían judíos de todas partes del mundo (del mundo cercano y conocido).
Se toparon cara a cara con un evento inesperado y, a la vez, incomprensible: un grupo de fanáticos, seguidores de un maestro místico ejecutado dos meses atrás, estaban en un éxtasis espiritual al mejor estilo de los chamanes orientales o los brujos de alguna etnia americana.
¡Parecían borrachos!
Y quedaron todos pasmados diciendo:
“¿Acaso no son galileos todos estos que están hablando? ¿Cómo es que los oímos hablar en nuestras propias lenguas?” (Hechos 2:7-8)
Sí. Lo sobrenatural, que debe convertirse en habitual para quienes transitamos el evangelio, también fue manifiesto ante quienes ni siquiera conocieron a Jesús. ¿Será por eso que Jesús dijo que el Espíritu sería “una fuente de agua que salte para vida eterna”? (Juan 4:14).
Sí. Salpicando a todos con la posibilidad de tener un encuentro con Dios y una vida transformada.
La vida puede cambiar de un momento a otro. Los discípulos tampoco sabían qué pasaría. Solo hicieron lo que Jesús les dijo: “que esperaran la promesa del Padre” (Hechos 1:4). Y la obediencia, más la perseverancia, más la fe… prepararon el terreno para lo increíble:
“De repente, un gran ruido que venía del cielo, como de un viento fuerte, resonó en toda la casa donde ellos estaban.” (Hechos 2:2)
“De repente…” En un momento todo puede cambiar.
No te aferres a tu conflicto.
No te acomodes en tu mediocridad.
No te establezcas en el fracaso o la necesidad…
De un momento a otro… ¡de repente! todo puede cambiar.
