Cambios Inesperados

No quiero dar mucha información que termine anticipando la prédica de hoy. Vivimos en un tiempo en que el spoiler está a la orden del día. ¡Hay que cuidarse! Estamos tan interconectados y globalizados que todo se relaciona con todo.

Hace unos días escribí acerca de los “de repente” de Dios, esos cambios inesperados y sorpresivos que dan vuelta la historia. Y hoy tengo que volver a eso, pero desde otro lado. Ya no desde lo repentino, sino desde lo inesperado.

La historia nos enseña que desde que el mundo existe ha habido movimientos, tanto geológicos como biológicos, así como históricos y políticos, que cambiaron la realidad de un día para el otro.

En realidad, nada es de un día para el otro, sino que algo se viene gestando tal vez desde hace años. Los tiempos no fueron siempre tan acelerados como hoy, aunque supongo que para la humanidad de esas épocas les parecería así.

¿Qué sintieron los criollos de Buenos Aires en la mañana del 26 de mayo de 1810? Todo seguía igual, pero todo había cambiado. Ya nada era lo mismo, aunque todo parecía igual. De la nada misma… se gobernaban a sí mismos.

Pero eso no sucedió el día anterior, sino que fue la consecuencia de un proceso que llevó algunos años y conflictos políticos y sociales.

¿Y el día en que empezó la primera rajadura que terminó con la separación de los continentes? ¿Cómo aparecen restos arqueológicos con ADN mongol en las alturas de los Andes?

En un momento, lo que es puede dejar de ser y lo que no es… puede empezar a serlo.

Me gusta porque así fue la misma creación. En un momento no había nada y al instante siguiente… ¡Pum! ¡Wow! ¡Zas! ¡Big Bang!… apareció un mundo creado. La ciencia dice que fue en un instante. La teología dice que fue un chasquido de los dedos de Dios: “Y dijo Dios… y así fue” (Génesis 1:3).

Pablo menciona este evento señalando que Dios “llama las cosas que no son, como si fuesen” (Romanos 4:17) y el autor de Hebreos dice que Dios “hizo lo que se ve de lo que no se veía” (Hebreos 11:3). En un momento, cuando nada parecía pasar, cuando no había evidencias visibles… lo que no existía empezó a existir.

En tan solo un instante lo que no es puede empezar a serlo y lo que es… puede dejar de ser.

¿Alguien se imaginaba el 8 de noviembre de 1989 lo que iba a pasar al día siguiente? ¿Hubo en algún rincón del planeta alguien que se preparara para eso? ¡Para nada! Pero el 9 cayó el muro de Berlín y empezó el proceso de reunificación alemana.

Ni aun lo establecido, ni lo que parece tan firme, ni lo que viene de antaño… tiene la seguridad de permanecer, porque… en un momento todo puede cambiar.

¿Alguien en Israel se iba a imaginar que podía salir el Mesías de un pueblito de morondanga como Nazaret? (Juan 1:46).

Y sin embargo, así fue. Bueno, echando un manto de piedad, ellos creían que Jesús era nativo de Nazaret y no había profecía que relacionara a ese pueblo con el Mesías; pero Jesús solo vivía en Nazaret, era nativo de Belén de Judá.

Pedro tenía guardada esa carta y cuando les está predicando y recibiendo conversiones a full les dice: “Este Jesús es la piedra que ustedes los constructores despreciaron, pero que se ha convertido en la piedra principal.” (Hechos 4:11)

Lo que es puede dejar de ser y lo que no es puede empezar a serlo, tan solo y sencillamente porque Dios lo tenía pensado, pero estaba programado para el tiempo apropiado (Eclesiastés 3:1).

Ya que esto se convirtió en un patrón de comportamiento global que trasciende los tiempos, ¿qué te hace pensar que con vos no va a pasar lo mismo?

Nuestras decisiones determinan nuestro destino. Nuestras acciones definen acontecimientos. Pero nada de lo que hoy es tan definido tiene la garantía de seguir siendo.

No es solo cuestión de un golpe de suerte que cambie tu futuro, sino de un golpe de la voluntad de Dios que te conduzca a su propósito.

Dios renueva su pacto y misericordia cada mañana (Lamentaciones 3:22-23), y ese pequeño detalle casi cuántico sobre la línea de tiempo nos muestra que… todo lo que era puede dejar de ser y aun lo que estaba bien o mal puede cambiar su condición.

No es tu pasado lo que te define, determina o condiciona.
No son tus decisiones de ayer las que van a marcar tu vida,
sino las que tomes hoy, aun en relación a los errores del ayer.

Jesús, desechado, se convirtió en fundamental (Hechos 4:11).

Dios llama a lo vil y menospreciado para avergonzar a lo sabio y entendido (1 Corintios 1:27-28).

Dios hace cosa nueva… y pronto la conocerás (Isaías 43:18-19).

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