Profundidades

¿Cómo se habrá sentido Jonás? Se nota que era un tipo bastante temperamental. O, por lo menos, impulsivo. Se me ocurre que era un poco intolerante también. Si bien no podés calificar a una persona solamente por un suceso, se nota más o menos un perfil de comportamiento.

Dicen que era profeta. No sé dónde está su profecía, pero así lo menciona 2 Reyes 14. Sí puedo decir que, si Dios lo mandó a dar un mensaje, en este caso a Nínive, eso es oficio de profeta. (Jonás 1:1-2)

Los profetas eran temperamentales. Ninguno de ellos era un “nene de pecho”, sino hombres aguerridos. ¡Mirá a Elías! “Hombre sujeto a pasiones”, dice Santiago 5:17, y así de pasional lo vemos asesinando a 400 profetas de Baal y Asera (1 Reyes 18:40).

Jonás, de la nada (de la nada, no), se vio envuelto en una situación desesperante. Él mismo dijo: “Me echaste a las profundidades del mar, y las corrientes me rodearon; ¡todas tus ondas y tus olas pasaron sobre mí!” (Jonás 2:3).

¡Qué loco! Parece el Salmo 66. ¿Jonás conocería el Salmo? ¿¡O David conocía la historia de Jonás!?

Pero también dijo, como otro Salmo: “Señor, en mi angustia te invoqué, y tú me oíste. Desde el fondo del abismo clamé a ti, y tú escuchaste mi voz” (Jonás 2:2). Lo que fue para él la llave para salir de su angustia y ahogo.

Sí. Hay algo en la fidelidad de Dios que siempre me confronta. Pablo le dijo a Timoteo que “aunque seamos infieles, Dios sigue siendo fiel” (2 Timoteo 2:13). Pero cuando te chocás con eso… hasta es difícil de entender.

Muchas veces lo dije, algunas otras lo escribí: “Dios sigue siendo fiel y yo sigo sin entenderlo”; y es que la fidelidad de Dios está atada a su palabra y no a tu actitud. Responde a su misericordia y no a mi necedad.

Se me ocurre preguntarme: ¿Dios es fiel por misericordia o hace misericordia por su fidelidad?

Uff… solo sé… que sigo sin entenderlo.

David dijo también (me parece que Jonás y David tenían un vínculo espiritual muy fuerte): “Desde el fondo del abismo clamo a ti, Señor: ¡Escucha, Señor, mi voz! ¡Atiendan tus oídos mi grito suplicante!” (Salmos 130:1-2); para agregar, unas líneas más adelante… “Con toda mi alma espero al Señor, y confío en su palabra” (Salmos 130:5).

Ni me di cuenta de esta relación hasta que empecé a escribir.
Tampoco es que quiera hacer una exégesis de Jonás o los Salmos, o teologizar sobre esto.

Solamente decirte que, si estás angustiado, si el agua te envuelve y las algas se enredaron a tu cuello, si ya no ves salida y el abismo es tu destino… esperá en el Señor, confiá en su palabra, clamá a él…

Y Dios escucha tu clamor.

Termino con mi amigo Isaías: “Cuando pases por las aguas… yo estaré contigo… y si por los ríos… no te anegarán” (Isaías 43:2).

Confiá en el Señor…
Esperá en su palabra.

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