Diferencias

Dios no hace diferencias. Ya lo sabemos. Delante de Dios todos somos iguales. Es más o menos lo mismo… y ya lo sabemos.

El mismo Dios es el que no cambia, el que permanece igual con el correr del tiempo porque, básicamente, Dios no tiene tiempo; por lo tanto, el tiempo no lo afecta.

No me voy a meter en el tema cuántico porque ya alguien se me enojó por eso, y no es mi intención hacer enojar a nadie (además, no entiendo nada de física cuántica). Pero Dios tiene una particularidad que, usando una analogía, parece “cuántica”: debe ser el único Ser que puede, al mismo tiempo, ser una cosa y ser otra; no cambiar y, a la vez, ser siempre nuevo; estar y no estar. Todo, repito, al mismo tiempo.

Por eso te digo que Dios no hace diferencias… pero, entre vos y yo, sí las hace.

Eeeh… no suena muy ético, lo sé. Pero Dios es Dios. Así como un milagro consiste en romper el curso normal de las leyes físicas, Dios también obra conforme a sus propios principios y criterios, y no según los nuestros.

Una versión espiritual de: “Hecha la ley, hecha la trampa”.

¡¿Dios hace trampa?! No sé, no soy Dios.

Mientras empiezan a caerme encima los teólogos y los religiosos, sigo con mi postura: Dios no hace diferencias… pero las hace.

¿Por qué sanó a algunos y a otros no?
¿Por qué resucitó a algunos y a otros no?
¿Por qué se manifestó a algunos y a otros no?

Sí, ya sé. El propósito, la persona, el momento, el lugar… Todo puede ser funcional —o no— al plan de Dios. Y, por encima de todo, está su voluntad.

¿Voluntad permisiva o voluntad efectiva? ¿Dios permite o Dios quiere?
En este caso, es totalmente irrelevante. Dios hace lo que quiere, cuando quiere y como quiere. Después de todo… ¡es Dios! ¿O no?

Dice el Salmo 1, ese del “camino de los pecadores” y de la bendición especial:

“El Señor cuida el camino de los justos,…” (Salmos 1:6 DHH)

¡Ey! ¿No era que Dios “hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos”? (Mateo 5:45).

Entonces, ¿por qué solo cuida a los justos? Porque Dios es Dios, porque no hace diferencias… pero las hace.

Podría citarte muchos otros versículos que confirman esta verdad. Pero, en lugar de eso, prefiero dejarte la clave: Ser justo.

Los justos “heredarán la tierra” (Salmos 37:29).
Los justos reciben un trato especial.
Los justos corren con ventaja.
A los justos… Dios les acomoda el camino.

Así que dejá que Dios haga las diferencias. Vos ocupate de ser justo.

“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.” (Romanos 5:1)

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