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Hoy me voy a poner más filosófico. Buscaba algo más… ¿impactante? ¿revelador? ¿confrontador? Sí, podría ser, pero no puedo dar vuelta la página como si nada hubiera pasado, o como si todo fuera rutina. Tengo que darle lugar a mi mente, a mi corazón… ¿a mi espíritu?… para hacer un balance de estos últimos cinco días.

Podría hablarte de santificación y decirte que “manejar el arca del Señor” tiene sus requisitos (1 Crónicas 15:14).

Podría hablarte de visión y emprendimiento, y decirte que no necesitás más de lo que tenés al alcance de tu mano; que Dios te proveyó de todos los recursos necesarios para que des el primer paso hacia tu despegue y que, aunque te veas escaso… tu “campo” tiene “comida en abundancia” (Proverbios 13:23).

Podría hablarte de mayordomía y decirte que no seas bocón, que cuides tus palabras, porque “el que habla demasiado termina destruyéndose” (Proverbios 13:3).

Pero me toca profundamente la oración de David en 1 Crónicas 16, que hace una exposición, como si estuviera dando una charla TED, de la grandeza, el poder y la soberanía de Dios.

Ayer gasté una bala que podría haber guardado (y tal vez vuelva a usarla) haciendo una síntesis de la Cruzada de Rompimiento de Cadenas. Hablamos de las ataduras al pasado, de la culpa que nos persigue, del fracaso que nos estanca, de la maldición que nos miente y quiere condicionarnos… y del pecado, el astuto virus que, en algún momento de la eternidad, el enemigo inyectó en nuestro ser.

Sí, sé que es debatible y tal vez no te cierre mucho la idea, pero el pecado es un germen diabólico que se mezcló con nuestra esencia humana y, desde ahí… forma parte de nuestro ser.

Pero tampoco quiero hablarte del pecado, sino de esos dos ejes que mencioné anoche, que son los que definieron esta Cruzada:

  • Nada tiene más autoridad que la que yo le dé.
  • La clave para la liberación es “estar en Cristo”.

—¡Pastor! Esto tenés que usarlo para predicar el miércoles y así hacer una devolución general de la Cruzada.
—¡Sí, Pastor! Pero el miércoles juega la Selección y todavía no sé qué va a pasar con el transporte y la movilidad de la congregación…

“Si alguno está en Cristo…”, te tira Pablo en 2 Corintios 5:17, “es una nueva creación”. Sos una persona nueva. No emparchado, ni siquiera restaurado. Tenemos, a veces, un concepto un poco erróneo acerca de la restauración. Restaurar es volver las cosas al diseño original de Dios.

Pero Dios hace cosas nuevas. Por lo tanto, la restauración, en el plano espiritual, no es un parche, sino una nueva creación.

“Estar en Cristo” no es haberlo recibido, no es orar, no es conocerlo o conocer su Palabra. Estar en Cristo es tener una relación íntima con Él que hace que todo a nuestro alrededor… sea Él. Porque, si “estoy en…”, estoy dentro de…

Por eso también dice que “Cristo es nuestra vida” (Colosenses 3:4). No es solo una opción de vida o un cambio de experiencias espirituales. Es, lo que vulgarmente decimos, “una forma de vida”.

“Ya no vivo yo”, dice también, aunque muchas veces lo leemos superficialmente (Gálatas 2:20). Si ya no vivís vos… ¿por qué vivís el Evangelio a tu manera? (Si ya no vivo yo… ¿por qué quiero vivir el evangelio a mi manera?)

Y te pone el broche diciendo: “vive Cristo en mí”.

Sí, como alguna vez te dije, el Evangelio es una confrontación constante.

Algunos pretenden tener un Dios focalizado: darle un lugar, un momento, un día y un enfoque:
Dios es para el día de culto, es para pedirle por los problemas, es para tratar cuestiones espirituales y para enfocarnos en lo teológico y la salvación. Pero no.

Dios es “nuestra vida” y “estamos en Cristo”. Por lo tanto, Dios es “el todo en todos” (Efesios 1:23; 1 Corintios 15:28). ¿Te dije que estoy convencido de que Pablo sabía cosas que todavía no sabemos?

Te hablaba de la oración de David. Él dice:

“Él es el Señor, nuestro Dios; ¡él gobierna toda la tierra!” (1 Crónicas 16:14).

Ayer te decía (si estabas en la iglesia…) que Dios es amor, perdón, gracia y misericordia… pero Dios, sobre todo, es Dios. Y este Dios, que fue capaz de hacer todo por vos y por mí, sin que lo merezcamos (y sin que lo valoremos), “gobierna toda la tierra”.

Dios gobierna toda la tierra y nada escapa a su soberanía ni a su conocimiento.
No… ¿otra vez te lo tengo que decir? No es a tu manera. Es a la manera de Dios.

Todo está bajo el control de Dios. Sí, todo. Aun lo que está descontrolado. Después de todo, Dios es Dios. Y Él también maneja los tiempos. Lo que hoy está firme, mañana puede dejar de estarlo; y lo que hoy está caído, mañana puede ser levantado.

No te quedes con la idea de que el tiempo se terminó, o que ya no hay opciones, o que no podrás levantarte, o que no vas a llegar a alcanzar tus metas.

Ni el pasado…
Ni la culpa…
Ni el fracaso…
Ni la maldición…
Ni el pecado…
Tienen más poder sobre vos que el que vos les quieras dar.

Y todo gira alrededor de un punto clave:
Poné a Dios en el primer y único lugar.

“Dios gobierna… toda la tierra”

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